sábado, 9 de mayo de 2009

El amor prohibido de Iblis: ¿Un Satanás con otro nombre...?

No es secreto que por debajo de la piel del Corán está la misma sangre que corre por las venas de la Biblia. Donde hay suras hay versículos y donde hay vacas hay mosquitos y camellos. Así que podemos decir desfachatadamente que Satanás se pasea alrededor del Corán con la misma altanería que le conocemos en las páginas de Job y Mateo.

Sin embargo, los detalles que varían entre los mitos básicos de Creación y cosmogonía son fascinantes. Tal es el caso de Iblis. Así como nosotros sabemos sin saber que Satanás se llama Luzbel, el Shaitan del Corán se llamaba Iblis antes de la caída.

No hay consenso en si la palabra Iblis significa "el infeliz" o "el que causa infelicidad". Y esto es, precisamente, lo más interesante de su persona.

Según el mito, idéntico en estructura al de la Caída de Lucifer, Iblis fue expulsado de la presencia de Alláh por haberse rebelado en Su contra. Pero su rebelión puede leerse en dos maneras. La manera tradicional nos dice que Iblis fue creado a partir del fuego, como los otros djinns (algo así como ángeles, pero con libre albedrío). Después, Alláh creó a Aadám a partir de la tierra y exigió a los ángeles que se postraran ante Aadám, porque éste era superior a todas las creaturas. Todos obedecieron, excepto Iblis.

Como era de esperarse, Iblis fue arrojado al mundo con su cohorte de demonios, y Alláh le dio el nombre Shaitan (el adversario). Aquí, "Iblis" probablemente significa "el que causa infelicidad".

Una variación del mito es infinitamente más interesante. Alláh crea a Iblis y a los ángeles. Les ordena que Lo adoren a Él sóla e incondicionalmente. El problema es que Iblis se lo toma muy en serio. Alláh crea a Aadám y cambia de parecer, y les pide a todos que se postren frente al hombre. Iblis rechaza esto, no por orgullo, sino por amor a Dios. Juzga que un hombre no es más digno de adoración ni más grande que Alláh. Y es arrojado al abismo por esta razón.

Aquí, "Iblis" probablemente significa "el infeliz".

Es este cuadro romántico de un Satán enamorado y atribulado por la ausencia del Amado el que me llama la atención porque su permanencia en la mitología del Islam pone esta religión en una situación paralela con la cristiana. He tratado con muchas triquiñuelas retóricas redimir al Satanás judeo-cristiano. Giovanni Papini ensayó un descabellado y valiente tratado teológico en el que imaginaba a Dios perdonando a Satanás al final de los tiempos. La fe de Papini le impedía imaginar un Dios sordo al sufrimiento de un pecador.

Si, oculto en las sutilísimas fibras de la linguística arábica, el nombre del Diablo le habla al subconciente sobre alguien en una miserable angustia enamorada, si remite a la imagen de un Satanás nostálgico del amor de Dios, perpetuamente triste, puede haber una esperanza para los monoteísmos. Porque eso es lo que es el Diablo romantizado para mí: una oportunidad de reunir de nuevo y para siempre todas esas cosas que la razón moderna partió por la mitad desde que los griegos metieron la pata y pusieron las ideas en la parte más alta de la alacena, donde no podemos alcanzar las galletas.

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