lunes, 9 de marzo de 2015

Dos paradojas en el estado actual de las ciencias

Como civilización, tenemos una fijación, hasta el grado de la irreflexión, con la incidencia práctica de tal o cual saber disciplinario. En tanto que técnica, la ciencia (el conocimiento, las teorías, las profesiones que de estas emanan) es, ante todo, una herramienta. Es una herramienta que genera otras herramientas un martillo, un modelo explicativo o de análisis, una computadora para transformar la realidad (sea lo que esto signifique), trastrocarla y así mutar sus características a fin de satisfacer una “necesidad” humana. La ciencia no sería, pues, un fin en sí mismo. (No habría razón empírica para que fuera de otro modo.) Esto es completamente explicable, lógico y, hasta cierto punto, “natural”. 
Sin embargo, lo natural es, hoy en día, bastante complicado de definir. O bien, estamos en un grado de conciencia que nos permite observar la realidad de una manera compleja y multidimensional. Estamos ante la pregunta de dónde empieza lo dado, lo innato, lo biológico, y dónde lo artificial, lo social, lo aprendido, lo cultural. Estamos ya tan condicionados a dar por hecho ciertos aspectos de la vida cotidiana que no pensamos que gran parte de lo que nos rodea sea, sobre todo, una construcción del ingenio a partir de la materia, los recursos a disposición, renovables o no, que nos dan la naturaleza y el entorno. Inconscientemente, lo hemos naturalizado todo y a la vez lo hemos humanizado todo. Hemos ampliado nuestros horizontes, a decir del teórico de los medios, Marshall McLuhan, como extensiones y extremidades concéntricas del hombre. Léase computadora, teléfono celular, etcétera.
Asimismo, en nuestras impresiones más vagas consideramos que la naturaleza es de orden estático, inamovible, un mero escenario de nuestra actuación. Al frente de tal escenario se halla la comedia y la tragedia humanas y no hay relación alguna entre estos dos elementos, a menos que sea a través de un funcionamiento de herramienta transformadora cuyo pragmatismo nos evidenciaría como protagonistas del mundo.
Tales fenómenos (la naturalización o automatización y la humanización o ergonomización) no son sino efectos de una visión de mundo muy limitada, pues se basa, sobre todo, en una serie de oposiciones binarias que no hacen sino cristalizar las posibilidades conocer, de una manera más plena e integral, el mundo. La realidad (sea lo que esto signifique) no es binaria, sino gradual y heteróclita. Por razones asociadas a cierta idea occidental de practicidad, nos hemos acostumbrado a contemplar, de un modo dual, la lógica del mundo y las formas de representación. Es ya un esquema preestablecido de saber, de organización y clasificación a partir del cual pensamos “sistemáticamente”. Es la manera “lógica” de pensar la lógica del mundo.
            A pesar de esto, hay, no obstante, resquicios para un pensamiento capaz de asumir cierta visión paradójica como estrategia de análisis e investigación y revertir los efectos del pensamiento reduccionista que solo observa dos posibilidades y no un continuum. Me refiero de manera específica al cuestionamiento que ha surgido en el siglo XX acerca de la división tajante entre las diferentes áreas de saber. Así, la distinción dual o dicotómica (la práctica y la teoría, lo concreto y lo abstracto, lo útil y lo no útil) se halla relacionada con la suerte que los estudios humanísticos y las ciencias sociales se enfrentan a la hora de justificar su existencia en los diferentes ámbitos educativos y de investigación. Dicho de otro modo, ¿cómo es que algunas de estas ciencias traducen sus logros, sus productos, en herramientas transformadoras, de “utilidad” si parecerían abocarse a fenómenos más bien intangibles? Tal pregunta puede replantearse  y convertirse en otro problema añejo pero replanteable: ¿Cómo trabajan las ciencias exactas y naturales?  ¿Cómo trabajan las ciencias sociales y las humanidades? ¿En verdad son tan distintas en sus métodos y metodologías? Una reflexión en tal sentido adquiere su relevancia en mínimamente dos aspectos neurálgicos de la actualidad:

     a) Toda producción de conocimiento objetivo y científico tiene un vínculo ineludiblemente social a través de la lógica capitalista, la cual ha convertido todo objeto en un fetiche susceptible de ser consumido. En ese sentido, la distinción entre lo útil y lo no útil puede superarse bajo la denominación de que la realidad actual, a través de la dinámica mercantilista, logra potencializar todo saber a fin de reciclarlo, reintegrarlo, regularlo bajo la lógica de un sistema basado en la producción y el consumo. En tal escenario, difícilmente podría pensarse que algún saber pueda desperdiciarse o resultar innecesario. Es el sistema mismo quien le encuentra un cauce productivo y de consumo.

     b) Es la producción intelectual en la actual sociedad del conocimiento (noción acuñada por el sociólogo norteamericano Daniel Bell), la que permite una verdadera síntesis de las oposiciones tajantes entre saberes, léase conocimiento científico exacto, natural, y social  y humanístico. Bajo este nuevo esquema, la competición entre conceptos, de datos, de investigaciones y demás, son los elementos que conforman la economía (es decir, el orden dispuesto) de los saberes y no tanto a la facticidad otrora asociada a lo “útil”.

Estos dos aspectos inciden directamente en un nuevo entendimiento más abierto e integral para la justificación de un proyecto de investigación. Al replantear las expectativas que genera la lógica actual de la producción y el consumo, de mercado, nos vemos en la necesidad de una superación dialéctica de la condena del capitalismo para posicionar al conocimiento mismo de cualquier ámbito como producto. El conocimiento (científico, humanístico, etcétera) sería, pues, en sí mismo, un elemento más del intercambio mercantil que logra ser cohesionado a las partes en el marco de la estructura general, es decir, en la economía política y de saberes, que son, en esencia, una sola y la misma. Atendiendo a esto, bajo nuestro sistema actual económico dirigido por la oferta y la demanda, la proliferación mercantilista, la gestión acelerada del consumo, la suerte paradójica del conocimiento es que sea él mismo una mercancía circulante y que no tenga necesariamente una función inmediata. Si alguna nobleza o condición de posibilidad hay en el sistema actual, es sin duda aquella relacionada con la potencialización de los saberes diversos en todo un mercado de libre flotación (es decir, no intervenido o monopolizado por una instancia de coerción proteccionista), por un lado, y por otro lado, regido por la competencia de métodos y metodologías cada vez más acuciosos en cuanto a cierta vigilancia epistemológica.
La paradoja aquí avizorada consiste en que, como sociedad moderna, concebíamos el conocimiento como una herramienta, atribuyéndole una función vinculada a la transformación concreta, fáctica, de la materia, de nuestro entorno, a fin de lograr la “realización” humana. Como sociedad envuelta en la dinámica postindustrial, la herramienta sería, hoy, un fin en sí mismo, es decir, un bien de consumo susceptible de venderse con el propósito de replantear lo sabido y funcionar en toda una economía generalizada de saberes que, más que “realización” humana, tiende a construir material y discursivamente la idea misma de humanidad. Si bien de algún modo la modernidad había contemplado el carácter autosuficiente del conocimiento bajo la égida de la verdad de forma desinteresada, tal aspiración connotaba más bien un carácter idealista, trascendentalista y romántico, que no hacía sino reducir y fomentar las dualidades al intentar naturalizarlas, dividiendo al hombre y a las ciencias entre lo natural o lo social, lo teórico o lo práctico.

sábado, 7 de febrero de 2015

La melodía de los poemas, la poesía de la música

La música y la poesía conjuntadas juegan un papel importante en el mundo lírico. Mientras que un texto se divisan el ritmo, elementos aliterantes y la belleza declamativa o sonora, en la música se encuentran referencias y construcciones del discurso poético. En el aspecto composicional las dos requieren elementos de cuantificación como lo son los distintos tipos pies métricos, estos clasificados como yambo, dáctilo y anapéstico, dactílico, anfibráquico, que en la música reciben el nombre de figuras rítmicas (negras, corcheas, blancas, redondas) con el fin de dar duración al texto o intervalo.
Los orígenes que vinculan a la música y a la poesía se remontan a la tradición griega, evocadora de festividades y cultos dionisiacos que divulgaban la unión de estas artes. Hoy en día unir el desarrollo de la música y poesía es aún válido. No solo podemos calificarlo actual u objeto de estudio de gran interés en tiempos contemporáneos, sino de gran trascendencia, pues, desde sus inicios, las necesidades expresivas del hombre se han manifestado en estas dos venas acústicas, partiendo de la palabra y la propagación de su propia onomatopeya, música, ritmo y melodía.
En primera instancia, el discurso musical y el discurso poético se entrelazan a partir de rituales. El hombre crea poesía en torno al culto religioso o a la fuerza designada por las divinidades, como lo fueron las obras griegas, en su mayoría cantos a dioses y figuras heroicas. Entonces, desde su génesis la humanidad se expresa a través del canto y la poesía. Ambos quehaceres artísticos inician su vertiente en el sonido. La música parte del estudio del sonido y la belleza que este emite. La literatura a su vez se construye con base en la estética sonora y engloba la parte fonética en la declamación. El sonido es la unidad básica de construcción tanto en la literatura como en la música. El sonido sería, así, la unidad primaria en la música y poesía. “El poema no se escribe solo para ser leído sino también para ser declamado”, afirma Ivonne Guillon.
Asimismo, el ritmo también es un elemento de suma importancia. Como se dijo antes, el ritmo otorga el tiempo de las figuras rítmicas de distintos tipos. En la literatura los acentos métricos, las silabas tónicas, pausas y accidentes silábicos, referencian al ritmo dentro de sus géneros. Para Octavio Paz, el ritmo es incluso una actitud, un sentido y una imagen del mundo, distinta y particular. Se indica la relación entre las unidades mínimas de la palabra y el ritmo a través de estas posturas, en la que la mayoría de los creadores literarios o estudiosos conforman el punto básico de partida de la literatura y música para el reforzamiento de esta en complemento con otras artes y elementos imprescindibles en su elaboración.
Formalmente, la primera relación poesía-música o texto-música que se conoce es el epitafio de Sícilo. Además de los pies métricos, se distinguen otras métricas como el hexámetro, dístico elegíaco y la prosa métrica, sin olvidar otras medidas que clasifican en este método silábico: el troqueo y anfíbraco. Esta versificación es la que hace posible la unión homogénea de música y texto. A la posteridad, las melodías juglarescas arrojarían evidencias contundentes entre el enlace de música y poesía. La poética juglaresca era sencilla en términos técnicos. La melodía la encontramos monódica mientras que la poesía jugaba con rimas asonantes y consonantes. Los temas a veces variaban, puesto manejaban el amor cortes, así como burlas a los gobernantes. El lenguaje era vernáculo, debido a que su música y poesía eran recitadas también para plebeyos. En la literatura española siempre se ha percibido una gran carga musical, sobre todo en el siglo XV con la existencia de los cancioneros, recopilaciones poéticas en las  resaltan los versos octosilábicos. Como ejemplos se encuentran los cancioneros Cancionero de Baena y Cancionero general de Hernando del Castillo.
Si bien la tradición poética cancioneril arroja aspectos musicales innegables listos para el canto del trovador de la Edad Media, el método no cambiará para el siglo de Fray Luis de León, quien nace en Belmonte, provincia de Cuenca, España. Entre 1541 y 1542 ingresa en la orden de los agustinos. Su fe y su devoción hacia lo eclesiástico y lo divino le permiten tomar la Biblia como estudio constante. Su poética tiene gran influencia horaciana, aunque algunos estudiosos afirman que no pueden pasarse por alto las huellas de Garcilaso en la obra de Luis de León. En sus múltiples odas y otras composiciones se divisan los elementos musicales primordiales, como lo son el ritmo, la trepidación y esta enumeración aliterativa que se puede apreciar perfectamente en “Profecía del tajo. Si se imagina la musicalización de dicho poema, el equivalente sería un tono épico de gran sonido y magnitud, correspondiente a las composiciones de Wagner y sus tonalidades basadas en un todo un leitmotiv, heroicas y de complejidad en acordes que suenan bélicos. En el poema “Canción al nacimiento de la hija del marqués de Alcañices” se percibe la melodía coral, puesto que las vocales son las que tienen resonancia. Las dieciséis liras que conforman el poema aumentan su musicalidad y le dan mayor facilidad a la intervención de algún instrumento de aliento o cuerda. Su distribución también permite adaptarlo a partitura porque la composición poética puede organizarse en 3 partes, estructura en la música que parte de ABA. Aunque las últimas estrofas no se emparenten con las primeras, el ritmo es constante y se puede manejar con el modelo musical mencionado, para referencias podría citarse a Monteverdi y sus composiciones vocales:   
Inspira nuevo canto, 
Calíope, en mi pecho aqueste día; 
que de los Borja canto 
y Enríquez la alegría, 
y el rico don que el cielo les invía. 
Hermoso sol luciente, 
que el día das y llevas, rodeado 
de luz resplandeciente 
más de lo acostumbrado 
sal ya, y verás nacido tu traslado. 
O si te place agora 
en la región contraria hacer manida, 
detente allá en buen hora; 
que con la luz nacida 
podrá ser nuestra esfera esclarecida. 
Alma divina, en velo 
de femeniles miembros encerrada, 
cuando veniste al suelo 
robaste de pasada 
la celestial riquísima morada

También se visualizan imágenes de la tradición grecolatina con menciones a la musa Calíope, musa de la inspiración, de la poesía, de “bella voz” y a Apolo, divinidad superior de la mitología griega. Todos estos elementos y herencias griegas vinculan a la historicidad de la música y la poesía, como importantes manifestaciones lirico- musicales. Fray Luis de León escribe una de sus más preciadas odas a Francisco de Salinas como muestra de agradecimiento, magnificando la labor del musicólogo. Ahora, dentro del siguiente poema titulado “Oda a Francisco Salinas”, se observa tuna construcción poético-musical, con la excepción de que no es un instrumento o canto específico, sino que elabora un universo alternante de sonido en el que se pueden percibir figuras armónicas importantes. Se tiene rima, se tienen juegos eufónicos y paralelismos con la música a través del léxico o semantización empleados en el poema, palabras como “son”, “música” “cítara” y “armonía” Expone de manera cíclica la música y como ente imperecedero e infinito. En su totalidad esta composición trata de mostrar el camino de la divinidad a través del fenómeno musical. Su distribución inicial es uniforme y parte de quintetos, y finaliza con una extensión de las estrofas, casi como edificando aún más la condición de éxtasis relacionado a la música y un fortísimo se colocara en la línea melódica de los versos. El poema de Fray Luis de León era comunicarle a Salinas el placer, el camino la inmortalidad y el gran tesoro que se tienen al hacer música. Este acontecimiento se suma a los acervos  músico-poéticos vistos desde el enfoque místico. Se observa que el texto puede adherirse perfectamente a la música y viceversa:

cuyo son divino
el alma que en olvido está sumida
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida. Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora:
el oro desconoce
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca engañadora.Traspaso el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera […]

Teniendo en cuenta esta propuesta de análisis de Fray Luis de León por medio de los recursos de la música, la literatura toma partida de una estructura coral, madrigalista, cuyo canto inicia en las liras y termina en el deleite auditivo. En términos más profundos, la división de las estrofas y verso, edifica la línea en la que el acorde y el verso pueden unirse para armonizarse, es decir, empatarse por medio del sonido de las palabras, ya que las características armónicas se refieren al equilibrio y a la concordancia. Los conjuntos adecuados de unidades de texto y sus espacios, sus silencios a través de los encabalgamientos, trepidaciones y símbolos gramaticales. Estas alusiones relacionan a la música y a la poesía como parte de la temporalidad o espacio, es decir, ya no la música o la poesía como una forma popular o banal, sino como una concepción dimensional y mística en la poesía de Fray Luis de León, sobre todo en la "Oda a Salinas".
La tradición poética musical enumera los conceptos y cualidades que permiten estudios históricos, es decir, las ramificaciones artísticas literatura y música nacen de una necesidad de expresión en el hombre. Esta expresión lleva al hombre a las sendas del proceso creativo de manera cronológica y gradual, pero no solo la historia se descubre, sino que también a partir de la exposición literaria o musical se conocen diversas culturas y movimientos. En este caso, a través de las pertinencias musicales en la poesía de Fray Luis de León, se conocieron aspectos de la cultura de los Siglos de Oro desde la óptica del misticismo y demás cultura de fenómenos divinos. El placer, la máxima experiencia con Dios, partiendo de la vida y sus procesos naturales con la luz del don, como lo son el genérico poético y la música, fuentes universales del hombre desde sus primicias hasta la búsqueda intelectual de la psique.


Referencias

Guillon Barret, Ivonne. Versificación española. México D.F: Compañía General De Ediciones, 1976.

Louzao Pardo, Ramón. “Pertinencias de elementos musicales en literatura.” Cervantes Virtual. Sociedad española de literatura general y comparada, 30 de junio de 2006. Web. 5 de febrero de 2015. http://www.cervantesvirtual.com/obra/pertinencia-de-elementos-musicales-en-literatura-0/

Paz Octavio. El arco y la lira. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1956.

Ramajo, Caño Antonio. Poesía de Fray Luis de León. Volumen 38. Madrid: Biblioteca de la Real Academia Española, 1992.

sábado, 8 de marzo de 2014

Dos poemas traidores



Un lugar común: como práctica poética, una traducción es más bien una versión, una forma virtuosa de la traición. Traducir un poema, se dice, es escribir otro. Que se traducen las palabras, no el tono, Etcétera. Es un lugar común, sí, pero es un lugar común cierto. En algún punto de la transición idiomática, el lenguaje admite inflexiones que enriquecen y disparan las potencialidades del poema. El fenómeno como tal es curioso y hasta necesario. La traducción nos brinda el efecto de un significante articulado entre la familiaridad y la sorpresa. No hay logro en que un poema traducido sea una voz propia, sino en que, sin dejar de ser esto, comporte el eco de otro al que, por motivos lingüísticos o socioculturales, jamás conozcamos.

Poeta y poeta-traductor, gran ejemplo de la tentativa moderna por trazar puentes entre distintas tradiciones literarias, Ezra Pound (1885-1972) estuvo recluido por más de diez años en el hospital psiquiátrico St. Elizabeths, Washington D.C. Su “locura” (no estaba médicamente loco) fue apoyar con vehemencia a Benito Mussolini, el fascismo, el antisemitismo. Demencia fue, sin embargo, el argumento para que no fuera encarcelado o condenado a muerte. Por esto y por su extraordinaria obra, el caso de Pound no tiene parangón en la literatura del siglo XX.

Quiero compartir, no un poema de Ezra Pound, sino uno de la poeta norteamericana Elizabeth Bishop (1911-1979) surgido precisamente a propósito de las visitas que ésta realizaba a su compatriota durante su estancia en el manicomio:

Visits to St. Elizabeths
This is the house of Bedlam.

This is the man
that lies in the house of Bedlam.

This is the time
of the tragic man
that lies in the house of Bedlam.

This is a wristwatch
telling the time
of the talkative man
that lies in the house of Bedlam.

This is a sailor
wearing the watch
that tells the time
of the honored man
that lies in the house of Bedlam.

This is the roadstead all of board
reached by the sailor
wearing the watch
that tells the time
of the old, brave man
that lies in the house of Bedlam.

These are the years and the walls of the ward,
the winds and clouds of the sea of board
sailed by the sailor
wearing the watch
that tells the time
of the cranky man
that lies in the house of Bedlam.

This is a Jew in a newspaper hat
that dances weeping down the ward
over the creaking sea of board
beyond the sailor
winding his watch
that tells the time
of the cruel man
that lies in the house of Bedlam.

This is a world of books gone flat.
This is a Jew in a newspaper hat
that dances weeping down the ward
over the creaking sea of board
of the batty sailor
that winds his watch
that tells the time
of the busy man
that lies in the house of Bedlam.

This is a boy that pats the floor
to see if the world is there, is flat,
for the widowed Jew in the newspaper hat
that dances weeping down the ward
waltzing the length of a weaving board
by the silent sailor
that hears his watch
that ticks the time
of the tedious man
that lies in the house of Bedlam.

These are the years and the walls and the door
that shut on a boy that pats the floor
to feel if the world is there and flat.
This is a Jew in a newspaper hat
that dances joyfully down the ward
into the parting seas of board
past the staring sailor
that shakes his watch
that tells the time
of the poet, the man
that lies in the house of Bedlam.

This is the soldier home from the war.
These are the years and the walls and the door
that shut on a boy that pats the floor
to see if the world is round or flat.
This is a Jew in a newspaper hat
that dances carefully down the ward,
walking the plank of a coffin board
with the crazy sailor
that shows his watch
that tells the time
of the wretched man
that lies in the house of Bedlam*.
En Versiones y diversioness (1984), Octavio Paz reúne todas sus traducciones, entre las que figuran textos en lengua inglesa (John Donne, William Carlos Williams), francesa (Gérard de Nerval, André Breton, Paul Eluard), portuguesa (Fernando Pessoa), sueca, china y japonesa. Paz tradujo, por supuesto, poemas de Ezra Pound (Canto CXVI) y tres textos de Elizabeth Bishop incluyendo el poema anteriormente citado:

Visitas a St. Elizabeths
Ésta es la casa de los locos.

Éste es el hombre
que está en la casa de los locos.

Éste es el tiempo
del hombre trágico
que está en la casa de los locos.

Éste es el reloj-pulsera
que da la hora
del hombre locuaz
que está en la casa de los locos.

Éste es el marinero
que usa el reloj
que da la hora
del hombre tan celebrado
que está en la casa de los locos.

Ésta es la rada hecha de tablas
adonde llega el marinero
que usa el reloj
que da la hora
del viejo valeroso
que está en la casa de los locos.

Éstos son los años y los muros del dormitorio,
el viento y las nubes del mar de tablas
navegado por el marinero
que usa el reloj
que da la hora
del maniaco
que está en la casa de los locos.

Éste es un judío con un gorro de papel periódico
que baila llorando por el dormitorio
sobre el mar de tablas rechinantes
más allá del marinero
que da cuerda al reloj
que da la hora
del hombre cruel
que está en la casa de los locos.

Éste es un universo de libros desinflados.
Éste es un judío con un gorro de papel periódico
que baila llorando por el dormitorio
sobre el rechinante mar de tablas
del marinero ido
que da cuerda al reloj
que da la hora
del hombre atareado
que está en la casa de los locos.

Éste es un muchacho que golpetea el piso
por ver si el mundo está allí y si es plano
para el viudo judío con un gorro de papel periódico
que baila llorando por el dormitorio
valsando sobre una tabla ondulada
cerca del marinero mudo
que oye el reloj
que puntúa las horas
del hombre fastidioso
que está en la casa de los locos.

Éstos son los años y los muros y la puerta
que se cierra sobre un muchacho que golpetea el piso
para saber si el mundo está allí y si es plano.
Éste es un judío con un gorro de papel periódico
que baila alegremente por el dormitorio
en los mares de tablas que se van
más allá del marinero de los ojos en blanco
que sacude el reloj
que da la hora
del poeta, el hombre
que está en la casa de los locos.

Éste es el soldado que vuelve de la guerra.
Éstos son los años y los muros y la puerta
que se cierra sobre un muchacho que golpetea el piso
para saber si el mundo es plano o redondo.
Éste es un judío con un gorro de papel periódico
que baila con cuidado por el dormitorio
caminando sobre la tabla de un ataúd
con el marinero chiflado
que muestra el reloj
que da la hora
del desdichado
que está en la casa de los locos**.
Hay un ritmo, una evidente regularidad (métrica y de imágenes) atravesando los dos poemas que parecerían retar a la idea de que un poema traducido es una versión traicionera del original. En este caso, uno no es más que el espejo del otro. La consecución de sentencias, los compases equivalentes en las dos lenguas, el entrelazamiento de las sintaxis española e inglesa, evocan a la vez que modelan el estado de cosas (objetos, tensiones, afectos, situaciones) en el hospital que recluye al poeta-traductor y traidor a la patria, ensimismado en la plena sonoridad del lenguaje. Un gran homenaje en dos poemas –o uno solo donde la voz y el eco se confunden.
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*Bishop, Elizabeth. The Complete Poems 1927-1979. New York: Farrar, Straus & Giroux, 1979.

**Paz, Octavio. Versiones y diversiones. 2da. edición. México D.F.: Joaquín Mortiz, 1984. 93-96.

lunes, 9 de julio de 2012

Alquimia electoral: la remota figura de la nulidad



El IFE y, en última instancia, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) no anularán las elecciones presidenciales, aún cuando se presenten pruebas contundentes de compra masiva de votos. La causal abstracta, que dejaba un margen de interpretación para anular elecciones, fue desterrada luego de la reforma electoral del 2007, la cual señala que sólo se puede invalidar una elección con las causales previstas en la ley. Las sentencias emitidas por el TEPJF, SUP-JRC-604/2007, “Caso Yurécuaro” y SUP-JRC-165/2008, “Caso Acapulco”, sin embargo, introdujeron la nulidad de una elección por violación a los principios constitucionales, aunque ésta no esté consignada en el código. El TEPJF argumentó, certeramente, que a raíz de la señalada reforma de 2007, el tribunal electoral era un tribunal de constitucionalidad, ya que si sólo atiende, de forma literal, a pie juntillas, las causales de nulidad previstas en la ley, se transmutaría en un tribunal de legalidad, en franca contradicción con las facultades (que le otorga la misma reforma del 2007) de inaplicar las normas contrarias a la Constitución.

Esta característica sentó las bases para anular la elección municipal en Morelia, Michoacán, plasmada en una de las sentencias electorales más polémicas de los últimos tiempos, aderezada porque fue emitida por la Sala Regional Toluca del TEPJF (ST-JRC-117/2011) y no por la Sala Superior. Es el famoso caso del pugilista Juan Manuel Márquez, que ostentaba en su calzoncillo el logo del PRI durante una pelea contra Manny Pacquiao, celebrada un día antes de la votación en Morelia. De manera somera y general, la Sala Toluca precisó que se habían cumplido tres requisitos fundamentales para anular la elección: se acreditó la violación a principios constitucionales (el de equidad, sobre todo); se demostró que dichas violaciones eran graves e iban en contra de la Constitución y del desarrollo de una contienda democrática; y, por último, se pudo establecer que, cualitativamente y cuantitativamente, dichas irregularidades resultaron determinantes para la elección, ya que el PRI obtuvo una ventaja de apenas 0.75% respecto del segundo lugar (PAN). La Sala Toluca, integrada por dos magistrados y una magistrada, aprobó la sentencia 2 a 1, con el voto particular de la señora Adriana Fabela, quien opinó que no se había demostrado racionalmente que el simple logotipo del PRI en el calzoncillo del boxeador era suficiente para modificar el ánimo de los electores a unas horas de los comicios municipales: en pocas palabras, era imposible cuantificar con precisión si había una influencia que fuera definitiva a favor del candidato priista.

La sentencia fue tomada por algunos juristas como innovadora porque comprometía a las demás salas electorales en el país a seguir la misma senda o alejarse de ella; para otros, como para la Magistrada del voto particular y los priistas afectados, es sólo una aberración sin sustento. Obviamente, se puede leer detrás de esta resolución un mensaje muy claro: por un lado, advierte a los partidos políticos que hay límites que deben respetar (y que están en la Constitución) y, asimismo, resta poder al legislador que, intuyendo las posibles nulidades de elecciones presidenciales de la nación, optó por eliminar la causal abstracta y cerrar el paso al ejercicio de interpretación del Máximo Tribunal Electoral. La sentencia de la Sala Toluca es un duro golpe a la “partidocracia”, pues introdujo, de forma frontal, la causal de nulidad de una elección por violación de principios constitucionales, en virtud de sus facultades de tribunal, valga la redundancia, de constitucionalidad.

No obstante tal antecedente, es claro que existen ciertas limitantes para que estos criterios se actualicen en la reciente disputa por la Presidencia de la República. Por un lado, la Sala Superior, en una sesión posterior a la de la Sala Toluca, reviró y uno de los magistrados se lamentó porque ellos no podrían revisar dicha sentencia, lo cual nos da luz sobre la posible contrariedad de juicios que ambas salas ostentan respecto al caso. Más allá de esto, y apegados a la pobreza de las leyes que dan sustento a nuestra “democracia”, y con las cuales deben trabajar los magistrados, existen fuertes indicios para suponer que no procederá la nulidad de la elección.

Por un lado, primero que nada se debe probar la existencia de transgresiones a la Constitución y especificar cuáles son éstas. Después, acreditar que dichas infracciones son graves. Como bien se puede prever, resulta dificilísimo avalar la gravedad de las violaciones a principios constitucionales, máxime si Andrés Manuel López Obrador pidió públicamente que los ciudadanos enviaran pruebas, seña de que armarán una demanda desorganizada y basada en meras especulaciones. Sin embargo, diversos indicios adminiculados por los juzgadores resultan en una prueba contundente de conculcaciones graves de la norma suprema. Finalmente, y donde estaría el talón de Aquiles de la reclamación, sería certificar que tales desacatos fueron determinantes para el sentido de la elección, para lo cual debe atenderse a la magnitud medible o calculable racionalmente, es decir, a los criterios cuantitativo (el número de votos entre primer y segundo lugar) y cualitativo (que los principios constitucionales quebrantados se demuestren), de acuerdo con la jurisprudencia de la Sala Superior.

Seguramente, el criterio cuantitativo será asimétrico con el criterio cualitativo, lo cual echaría por tierra los agravios de la oposición. El argumento se la Sala Superior versará, probablemente, sobre el cálculo de que las cifras de votos comprados (y que puedan ser comprobados), restándolos a la ventaja del puntero priista, no modificará los resultados, pues seguirá arriba por una ventaja de 4 o 5 puntos, aproximadamente. En pocas palabras, invocarán el principio de la determinancia, el cual, a todas luces, no existe en una elección con tantos puntos entre primer y segundo lugar. Sin embargo, antes de llegar a este punto, es posible que el argumento de la sentencia también contemple que no hay certeza de que lo votos comprados por el PRI, en efecto, fueron para el PRI, ya que el voto es secreto.
 
El TEPJF actuará protegiendo el voto del ciudadano y partirá de la presunción de que hay votantes que favorecerán, por propio derecho del electorado, a cualquier partido político del menú. Es decir, que la conservación de actos públicos válidamente celebrados, sumado a la protección del voto de la mayoría de los ciudadanos que no fueron coaccionados, serán dos posibles conclusiones a las que arribará la sentencia, debido a que no se podrá comprobar, sin que quepan dudas, que se compraron millones de votos y que, efectivamente, aunque se hayan comprado, que exista una garantía palpable de que dichos sufragios fueron hacia el PRI. En otras palabras, que existan contratos con Monex y cientos de tarjetas de Soriana no garantiza, para nada, que esos votos fueron precisamente para el triunfador. Tendrían que ser, a números cerrados, poco más de tres millones de votos comprados e, infaliblemente, debidamente comprobados como votos indubitables hacia Enrique Peña Nieto. Por nada AMLO está hablando, recientemente, de 5 millones de votos comprados, con el fin de entrar en el margen de la definitividad y la determinancia. En resumen, la acreditación de violaciones a principios constitucionales no es suficiente para la anulación de una elección. Deben, como en una receta de alquimia, armonizarse diversos elementos que la legislación mexicana ha procurado sean inconmensurables.

La interrogante será si el TEPJF, a pesar de no haber determinancia, se atreverá a descalificar el proceso electoral en pro de privilegiar las normas constitucionales (nadie está por encima de las leyes) y así establezca un precedente inédito en nuestra nación, o bien en el balance final le dé prioridad a la protección del voto, tutelando el artículo 1º constitucional, reformado el año pasado bajo las vitales nociones de los derechos humanos y advirtiendo que si bien existieron prácticas de compra de votos, esto no da como resultado, necesariamente, una falta de libertad a la hora de emitir el sufragio. No hay vínculo de causalidad, a menos que se presenten pruebas irrefutables en tres millones de votos (lo cual es casi imposible) de que sí hay un nexo contundente. Creo que la brújula, contemplando esta consideración, apunta hacia la segunda opción.

No defiendo al sistema electoral mexicano. De hecho, yo no voté por el PRI porque lo considero más bien como una corporación maléfica, a medio camino entre un McDonald’s y un cártel poderoso de trasiego de drogas, que comercializa obscenamente con la ignorancia y la pobreza de los más humildes y trabajadores de este país. Trato de entender y describir la “racionalidad” de nuestra democracia, fundada en leyes-candados, concebidas por los partidos políticos con el fin de conservar privilegios y marginar a los ciudadanos. Los partidos políticos son los que están empoderados y han dado a luz un sistema que simula ser democrático, pero que consiente prácticas añejas contrarias al bienestar de la ciudadanía. Nuestras elecciones no estimulan los valores de la democracia, como la equidad, la certeza y el respeto a las mayorías y minorías. Más bien fomenta la desconfianza, el cinismo, la corrupción, la estafa, la confrontación y la ilegalidad. Los candidatos y sus compinches se burlan de la Constitución y de los votantes. Nuestra “democracia”, en lugar de generar paz y concordia, produce violencia e impunidad.

Es urgente que se realicen reformas profundas al sistema electoral que esclarezcan el panorama a los juzgadores y les faciliten el trabajo. ¿Es suficiente que se violen principios constitucionales, sean determinantes o no, para anular una elección? Si la respuesta es sí, quizá se anularían todas las elecciones en México. Que así sea. ¿Cómo se medirá la determinancia? ¿Una ventaja de un punto o de ocho puntos? Misterio que nuestras leyes no resuelven. ¿Debe meterse en cintura a los medios de comunicación y a las encuestadoras que vilmente favorecieron al PRI, a costa de una libertad de expresión mal entendida? Sin duda; México es un país que aún vive bajo la influencia de las grandes televisoras, sobre todo en zonas marginadas. La solución más sana, pienso, es otorgar con facilidades las licencias para que existan más televisoras y así mermar el poderío del duopolio. Otro gran problema es la inexistencia de una segunda vuelta. Es perturbador darle tanto poder a una persona por el simple hecho de haber obtenido una mayoría relativa. Enrique Peña Nieto gobernará un país en el que poco menos del 60% del electorado no lo quiere.

Desde este punto de vista, es una gran falacia lo que muchos medios de comunicación, analistas y dirigentes (como el Presidente del IFE y el mismo Felipe Calderón) nos han inculcado insistentemente: que vivimos en un país de instituciones sólidas. Ese 60% que no votó por EPN, contradice tal argumento. Es un país débil con un presidente con pies de barro, que tomará posesión desgastado, cargando con una opinión pública nacional e internacional desfavorable. Una segunda vuelta es pertinente, pero en donde participen los dos punteros y se acoten las campañas para esta etapa en unos 15 días. Con ello, muy probablemente se terminarían la mayoría de las mañas picarescas de los partidos políticos, debido a que el riesgo-beneficio sería impráctico. También tendríamos un Presidente con el apoyo de la mayoría, fortificado. Quimeras. 


Tenemos un IFE medieval digno de Los Simpson que reproduce boletas “por error” y pide que marquemos esas mismas boletas con lápices tenues; todo ello alienta la sospecha, más que la transparencia. Es imperativo que se modernice tal sistema arcaico y se dispongan de medios informáticos certificados por universidades de prestigio, cuyos procesos puedan ser consultados por todos. Añadido a ello, los consejeros del IFE y los magistrados del TEPJF son elegidos por el Congreso; son negociados entre los partidos políticos. Tal contrasentido justifica la desconfianza y las reclamaciones de los ciudadanos que sostenemos una burocracia inservible, pero eficaz para quienes pregonan que tenemos una democracia fuerte y sana. Todo ello, añadido a los ingredientes mistéricos de los preceptos electorales para la anulación de una elección viciada, manipulada por los medios de comunicación y los partidos políticos, dan como resultado una alquimia electoral inaccesible, un texto hermético, contradictoriamente, no sujeto a la hermenéutica. Tenemos una “teledemocracia”, igualmente ilusoria como las historias inocuas e inverosímiles de las novelas de Televisa y TvAzteca, más afín a un país que se sostiene en el sofisma narrativo de instituciones inoperantes, y que sólo los políticos, funcionarios, analistas y medios sesgados creen (y quieren imponer). Nos falta mucho para tener una democracia seria, firme, sin alquimias político-jurídicas, que le dé al Presidente el respaldo de las mayorías y, como decía Max Weber, el tan ausente “prestigio de la legitimidad”.

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