viernes, 9 de octubre de 2009

El Nobel de Obama

Esta mañana desperté temprano porque tenía una junta del trabajo. Con modorra y la boca repleta de microbios fui al baño, calenté algo para desayunar y abrí mi periódico, que no es de papel, sino es mi Google Reader.

Leí sobre muertos por una avalancha de lodo en Asia y algo sobre Heidi Klum bañada en chocolate. No fue BBC Mundo ni El Imparcial.com ni CNN Latinoamérica, fue Facebook el que me dio la noticia. Alguno de mis amigos contactos de Facebook puso algún chiste en su mensaje público personal que decía algo como "El Premio Nobel para Obama?" seguido de algo "chistoso".

Usando el gesto universal de sorpresa me tallé mis legañosos ojos y decidí ir a una fuente más confiable que la jungla de quizzes y "frases" de celebridades y personajes ficticios. En varios sitios web noticiosos encontré que sí. Mi negro había ganado el Nobel "por sus esfuerzos extraordinarios por reforzar la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos".

Al volver a Facebook vi que más personas comentaban informal y brevemente el galardón del presidente de USA. Todos demostraban un inédito vitriol hacia el significado de este premio. El consenso es que Barack Obama "no ha hecho nada."

Y es cierto. Incluso los escritores y actores del programa gringo Saturday Night Live, conocidos por sus tendencias liberales y por ser cada año menos chistosos, homenajearon la idea de un Obama inactivo con un sketch en el que un actor, caracterizado como el bruno presidente, dice cosas como
"Hay gente de la derecha que piensa que voy a convertir este país en algo parecido a la Unión Soviética, pero no se preocupen. No va a suceder. Nomás chequen lo que he logrado en mis nueve meses como presidente: Nada."
El entremés cómico continúa con el Obama postizo recordándonos que prometió cerrar Guantánamo y no lo ha hecho. Prometió que retiraría las tropas de Irak y no ha ocurrido. Prometió mejorar la situación en Afganistán y al parecer "la situación está incluso peor".

Y si bien es cierto que las promesas no han sido cumplidas tenemos que mantener en mente que los presidentes, en democracias como la nuestra y la de nuestros vecinos gordos y pecosos del norte, dependen de las decisiones de senadores, los que se suponen son portadores del deseo de los votantes.

Los senadores y congresistas del partido demócrata, al cual pertenece Obama, son desde 2007 una mayoría en las cámaras de la nación, así que debería ser fácil que las propuestas de leyes y reformas de leyes pasaran fácilmente por el ancho paso que le debería dar tener a sus compadres en los curules decadentes del poder.

Pero, como diría Santa Anna, nel.

Los senadores y congresistas del partido demócrata son famosos por ser agallinados y miedosos ante los cabrones racistas grandes y enojones de los del partido republicano, el partido que representa los intereses de la derecha y el conservadurismo en los Estados Unidos.

Aun siendo mayoría se puede ver cómo los republicanos amedrentan a los demócratas con sutiles tácticas de miedo o con la más común y efectiva arma de los cabilderos, esos parasíticos doppelgangers que se trepan en las espaldas de los políticos y los convencen de apoyar cierto interés específico, independientemente de la inclinación en el espectro político del interpelado.

La acción no es, entonces, una facultad que Obama puede realizar a placer. Es como si me regañaran porque no me quedé en Europa con mi esposa. No es tan fácil. Tengo que pasar por los funcionarios migratorios que me impiden quedarme más de ciertos días, tengo que terminar mi semestre en la escuela, etcétera. Ergo, no es culpa mía directamente estar inactivo, hay otras instancias de poder aparte de mi voluntad y mis posibilidades reales.

En caso de que sí me creas, amargo lector, que Obama no tiene la culpa de estar atado de manos en un país donde no lo quieren, entonces todavía puedes tener de manera muy comprensible la pregunta "¿Pero por qué chingados le dieron el premio Nobel?"

Y es la pregunta de todos. No he visto más de dos o tres comentarios que ven la premiación de Barack Obama como algo agradable o positivo. El consenso es que no lo merece. Que los premios Nobel son un fraude. Que Vargas Llosa nunca lo recibió y por qué Obama sí (Porque Vargas Llosa es un asco, ¡hi, hi, hi!), que se lo dieron como consuelo por haberle negado las Olimpiadas en 2016. Que por qué se lo dan si él inventó la influenza (¿¿¿WTF???)

Nadie, al parecer, recuerda que en 1992 Los Angeles se levantó en violencia por la paliza que la policía de la ciudad le propinó a Rodney King. Esa fue la primera vez que supe que existía tal cosa como discriminación racial en los Estados Unidos. Me parece increíble que estas cosas hayan ocurrido durante mi vida consciente, a finales del siglo XX.

Y claro, todos somos muy políticamente correctos y no queremos decirlo, pero yo lo voy a decir: ¿Le dieron el Nobel a Obama porque es negro? Sí, yo creo que sí.

Pero en este caso no es por vergüenza retroactiva, no es como compensación por el trato precario hacia los negros durante toda la historia de los Estados Unidos, no. Obama ha logrado cerrar el primer candado de la integración negra: llegó al primer puesto de servicio público en su país.

Y también digno de celebrar es el hecho de que canceló el combo republicano que los conservadores efectuaron en su país desde la salida de Clinton en 2001 y que mantuvo al mundo en la desastrada administración del tristemente cómico George W. Bush.

Tenemos que pensar en cómo la presidencia de Barack Obama va a afectar el futuro de las relaciones raciales en Estados Unidos y el mundo. Así que su Nobel no es resultado de lo que en verdad no ha hecho como presidente, sino por lo que logró el día en que las boletas lo declararon el primer presidente perteneciente a una minoría de su nación.

Claro, si Hillary Clinton hubiera ganado yo tendría la misma opinión: que le den un premio Nobel por romper la férrea frontera que ha mantenido a nuestro vecino del norte sin una sola mujer en su catálogo de 44 presidentes. Eso fue lo grandioso de las elecciones gringas de 2009, ganara quien ganara, iba a ser histórico, mientras no ganara McCain, templo de la senectud.

A largo plazo veremos que Obama sí se habrá merecido su Nobel. No como otros casos, como por ejemplo el de Henry Kissinger, quien ganó el premio Nobel de la paz por razones que se escapan de mis más profundas lógicas.

Addendum: En el episodio más reciente de Saturday Night Live el mismo actor, revestido de la misma pantomima de Obama, hizo otro sketch en el que dijo:
"Gané el premio Nóbel de la Paz por una razón: No ser George Bush."

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