lunes, 6 de agosto de 2007

Un coreano muy enojado con un martillo amarillo: Oldboy (2003)

Un hombre con un martillo en la mano da unos pasos por el corredor que lo llevará al único hombre que puede darle una respuesta que ha buscado por quince años. Ese pasillo está inundado de hostiles y sudorosos guardaespaldas. Oh Dae-su no puede darse el lujo de sentir reserva: está dispuesto a darnos una de las mejores secuencias de acción sin cortes de toda la historia del cine y sí: lo va a hacer.

Recuerdo haber visto
Oldboy (2003) y haberme quedado muy perplejo. Quería llamarle a alguien y hablar sobre la película, pero estaba solo en Tucson. Alguien me había puesto en una casa en medio del desierto para que estudiara en una tediosa maestría y no podía salir ni tener contacto con mis seres queridos. Sentí ganas de matar a golpes al hijoputa que me había encerrado. Sentí ganas de hacerme fuerte, de hacer ejercicio y alimentar la mascota satánica de la venganza.

El genial actor coreano Choi Min-sik interpreta a Oh Dae-su, un aburrido oficinista que es misteriosamente secuestrado y puesto en una prisión especial por quince años sólo para ser liberado en medio de un mundo nuevo y lleno de preguntas. La increíble trama que se desenvuelve alrededor de Oh Dae-su y sus oscuros captores es una muestra genial de suspenso, sazonado con la impresionante actuación de Choi Min-sik, un actor preferido del director de esta película, Park Chan-wook.

Esta película le habló más a mi alma que un trueno al oído. ¿Por qué? Me aventuro a decir que porque el alma latinoamericana es dada a la venganza, pues ésta es una sustitución inmediata de la justicia, un bien no alcanzable en nuestros países. El código hispano del honor que nos legaron nuestros sifilíticos abuelos españoles no hace sino agudizar nuestra inclinación al rencor, la venganza y la retribución violenta. Tenemos eso en común con Corea y los países con un nostálgico tufo feudal como Japón, China y Corea: Imposible pedirle a un coreano la flema civilizada de un sueco o un danés ante una ofensa personal: Park Chan-wook ha hecho de la venganza el leitmotiv de sus tres más famosas películas.

La venganza se adorna con dramáticos enredos y juvenil imaginería de violencia "cool", y secuencias de pelea que efectivamente salvan a esta película de ser un drama psicológico que no me molestaría en ver.

En Oldboy es difícil saber quién es el personaje que busca la venganza, Park se burla de las simpatías del espectador. Deliberadamente nos hace sentir las emociones más encontradas por los personajes más abyectos; lo valioso es que no logra esto con la sobadísima táctica de usar un antihéroe: lo hace con la compleja jugada de cambiar la importancia del personaje principal: en
Sympathy for Mr. Vengeance (2002) nos hace la misma trampa; las películas de Park no son para verlas en el estado de suspensión de intelecto con el que uno entra al cine a ver los éxitos de taquilla del verano.

Es difícil imaginarme Oldboy en aislamiento ahora que he visto la completa "trilogía de la venganza" de Park Chan-wook.
Sympathy for Lady Vengeance (2005) es, a mi ver, la más estéticamente lograda, aunque inferior en complejidad y en trama a Oldboy. Como sea, si usted vive en una ciudad pequeña y campestre como desde la que escribo esta reseña vaya olvidándose de ver estas piezas de arte fílmico en sus cines o en sus tiendas de vídeo. Al menos tenemos formas ilegales de verlas en línea. Suerte con eso.

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