martes, 1 de diciembre de 2009

11 años del Club Chufa: Misión cumplida, pero...

El pasado 27 de noviembre el Club Chufa cumplió 11 años de existencia. Si bien el Club ha estado tranquilo los últimos años, dedicándose principalmente a la publicación de artículos en este weblog, el carácter de grupo activo nos hace constantemente preguntarnos: "¿Ahora qué sigue?"

Los que conocen el Club Chufa deberán recordar que nuestro propósito inicial era bífido y bipartita:

1. Integrar MTV, los videojuegos y el manga/anime japonés a la literatura canónica
2. Destruir la literatura regionalista y la poética del desierto, la que veíamos como un cáncer.

Misión cumplida. Ambos propósitos fueron llevados a cabo limpiamente. Como líder del Club me complace voltear la vista y ver los huesos humeantes de los enemigos: los medios masivos, los videojuegos, los cómics están ahora fundidos ininteligiblemente con la alta cultura. Basta ver las nuevas exposiciones de pintura y escultura: allí, junto a estatuas clásicas de mármol y aburridos experimentos abstractos, están figuras de Mickey Mouse y pinturas de mujeres que parecen salidas de los sueños de un otaku. (A la derecha, un ejemplo de la pintora Audrey Kawasaki).

Claro, este logro no es exclusivo del Club Chufa. Simplemente, nosotros presentimos que esto iba a pasar, y queríamos ser agentes de este cambio, queríamos subirnos al espinazo del caballo horrendo que nos sacaría del aburrido silogismo llamado posmodernidad. Y lo logramos.

Lo que sí nos podemos adjudicar es la muerte del regionalismo. Con adoctrinamiento, influencias secretas, sabotajes artísticos y con el simple hecho de desprestigiar el regionalismo por puro contraste con nuestra actitud cool hacia el mundo, poco a poco la poética del desierto se marchitó y ahora está en el más seco de los olvidos.

Hey, Sonora, ¿escuchaste bien? Fuimos nosotros. El Club pinchi Chufa. ¿Sabes por qué ya no ves poemas sobre chollas y coyotas en las ediciones dominicales de los periódicos? El Club Chufa. Hey, hey, profesor de primaria con afanes de poeta: ¿sabes por qué nadie aprecia ya tus poemas sobre Tepupa y Cíbola? ¿Sabes por qué se canceló la obra de teatro regionalista Güevos Rancheros? Sí, adivinaste: somos nosotros.

Le dimos a la región cuentos basados en Mario Bros. y poemas con tema japonés y escandinavo. ¿Qué media figa le iba a valer al lector que hablaras de la heroica Caborca? Después de leer un cuento sobre robots gigantes que roban arte está un poco cabrón conformarse con cuentos insulsos sobre una viuda en Cananea que teje suéteres de lana.

Y cuando lo hicimos, cuando azotamos la bolsa de gatitos de la literatura regionalista contra las piedras de nuestro poder, lo hicimos sonriendo. Y sí. Se acabó: compruébelo el lector. Somos cosmopolitas de nuevo. La literatura de la región se alivió del cáncer regionalista.

¡Pero se volvió loca!

Hay dos formas de estar loco: Una es la "locura" de los noventas; por ejemplo, ALF se ponía unos lentes oscuros y decía "'¡Estoy bien loco, a la gaver!" y salía corriendo y a todos nos daba risa. La otra es la locura patética que a nadie divierte y que requiere intervención, cariño y medicamentos. La nueva literatura sonorense está enferma del segundo tipo de locura.

Y no tanto la literatura en sí. Son los escritores los que están hundidos en la brea apestosa de la locura. Dino Trajeado y yo conversamos al respecto, y de nuestra charla salió el artículo que nuestro jurásico colega ha publicado en este blog la semana pasada (haga click aquí para leerlo). En nuestra larga conversación mencionó que le había decepcionado cómo, después de la muerte del regionalismo literario en Sonora, los nuevos reyes eran un hato de nerds.

Así lo dijo (en inglés, su idioma nativo, a flock of nerds), y estoy de acuerdo. Los escritores de hoy, en lugar de ser progresistas cabrones con actitud, son tímidos bibliotecarios obsesionados con la literatura, no con el mundo, no con la mente y el intelecto, no con el arte, no con la gente; repito: con la literatura.

El problema de la literatura regional que Carlos Vicario definió con la frase "...su literatura consiste en cartas amistosas a sus compadres"[1] persiste en esta nueva generación y sus cuentarios y novelas masturbatorias e ignoradas. En un tiempo en que nadie lee se empeñan en encerrar la literatura en los claustros de sus egos.

Y no es como si el Club Chufa no fuéramos un montón de ególatras también, pero al menos deseamos que las grietas por las cuales el lector se asoma a nuestros egos sean al menos interesantes, divertidas, innovadoras... ¿Por qué putas creen que tenemos un dinosaurio escribiendo para este blog? ¿Les dolería a los nuevos escritores en sus pieles de princesa atreverse un poco, arriesgarse?

El nuevo panorama de las Letras enfrenta al Club Chufa con un enemigo nuevo: su cara es la de un bohemio de pacotilla, su cuerpo encorvado es el de un groupie de Bolaño, su carácter es el de una muchacha tonta con un libro de autógrafos apretado en el pecho que espera a Murakami tras bambalinas para hacerle un blowjob.

Adoradores de la bohemia vacua y fanboys de la literatura, temerosos de los autores y las autoridades: Aquí estamos. Somos Club y somos Chufa. Acabamos con el regionalismo en menos de diez años. Ustedes siguen. Prepárense para la guerra. Esta noche, señoras y señores, cenaremos en el Infierno.

[ 1] "Texto leído por Carlos Pacheco Vicario en Horas de Junio 2004".
Documentos del Club Chufa: (http://elclubchufa.blogspot.com).





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