lunes, 1 de diciembre de 2008

SEMANA CHUFA V: CRÓNICA DE UN SUICIDIO QUE NUNCA OCURRIÓ

(Antes de leer esta nota tenga Ud. lista una canción chingona. Cuando así se indique presione play para tener el efecto óptimo).
Email de Carlos Mal Pacheco a Erasmo Donosso. 20 de abril, 2004:
Erasmo, loco, si estás ahí, compra de inmediato el periódico Cambio de hoy. El Club Chufa se lleva una plana, en policiaca, wey, tienes que verlo. ARRIBA EL CLUB CHUFA!!!!"
Imagen aparecida en el periódico Cambio.
El 17 de abril un hombre se abrió el cuello con un cutter en las escaleras del edificio de Rectoría de la UNISON en Hermosillo, Sonora. Había visto junto con muchos estudiantes una presentación al aire libre del filme Matrix Reloaded.

Al parecer creía firmemente que todos éramos programas informáticos y necesitaba presenciar su verdadera identidad. Sosteniendo un gran cartel con recortes de revistas que mostraban la cara de Trinity y Neo, entre otros, se hizo una incisión de diez a doce centímetros de lado a lado en la garganta.

La nota policiaca en el periódico Cambio mostró una emblemática fotografía del suicida bañado en su propia sangre, aún de pie, mostrando a las cámaras el cartel y su rostro lleno de confusión y demonios. En esa misma página de ese mismo periódico otra cosa apareció. En letras sensacionalistas, rojas y exageradas este simpático rótulo:
Vinculan suicidio con club 'Chufa'"
(Que suene ya la música chingona).
Yo estaba en Tucson. Fugo Medina estaba en el DF. Luis Lope no estaba interesado en hacer nada al respecto. Decidí actuar de inmediato y pedí la laptop prestada a mi roommate, Omar Perú.

Busqué mi lista de contactos de Hotmail, que en ese momento tenía a mis amigos, conocidos y colegas, incluyendo profesores del Tec de Monterrey en Hermosillo. No era suficiente.

Busqué entonces un correo electrónico mierda, de esos que me mandan del Instituto Sonorense de Cultura sobre algún evento de flauta clásica u ópera tercermundista y, como los encargados de enviar esos mails aún no sabían ni saben usar la opción "blind carbon copy" para ocultar todos los contactos a quienes se manda un mensaje, ahí tenía ante mí un sinfín de cultureros, artistas, snobs e intelectuales de café, quienes fueron, en verdad, los que hicieron todo posible. Gracias, perdedores.

Empecé a escribir: en el correo felicitaba a Juan Loperena por tan valiente acto de protesta en contra del estancamiento del arte en Sonora, de México y el mundo. Coroné mi correo con la frase: "Ya era hora de que alguien se abriera el cuello por el arte y la cultura".

Describí incluso mis reuniones con él en el café Sanborns, donde, haciendo gala de mis conocimientos en fisiología, le instruía doctamente sobre qué partes del cuello podía cortar sin poner en peligro su vida. Me pareció que alguno podría creerlo y que de boca en boca se haría una especie de leyenda negra y que todo quedaría ahí, sin más. Yo ya había cumplido con mi trabajo. Nunca imaginé que habría más sobre el asunto.

El día siguiente una llamada telefónica me despertó. Era Liliana Chávez, de El Imparcial: "Carlos te está buscando la policía porque se suicidó el muchacho por tu culpa". Eso dijo. Y luego me dijo que no me conocía y que ni de broma la implicara en este tipo de mierdas. ¿Mencioné que era mi novia?.

Me gustaría decir que el asunto se puso interesante con lo de la policía, pero al parecer a ellos les valí soberana bestia, en primer lugar, porque el suicida no se murió, sobrevivió terapia intensiva y meses después lo vi muy chabacano y vivo, con una hórrida segunda sonrisa cicatrizada en su cuello. Pero quien sí me buscaba era la prensa. Cambio, específicamente. El Imparcial me ignoró como a un perro sarnoso bañado en mierda.

Pero Liliana Chávez me había hablado porque mi amado Club Chufa y mi nombre estaban por todas partes en la página policíaca del periódico Cambio. La nota se llevó toda la plana, con la foto del hombre ensangrentado con el cartel de Matrix Reloaded. Cuando la vi me reí a carcajadas. Esa tarde tomé un autobús a Hermosillo para visitar a mis padres, quienes estaban un poco nerviosos.

Esa noche en Hermosillo (un viernes) en el noticiero sonorense Entre Todos, los dos sujetos que lo conducen, dos charlatanes, condescendientes y rancheros me acusaron a mí de afectar la mente de la juventud sonorense y de ser una especie de terrorista. "Que se lo lleven a que le ayude a bin Laden, ¿QUÉ NO????" Me reí agarrándome la panza.

En ese mismo programa se le hizo una entrevista a dos miembros del Ateneo de los ciegos (enmascarados). Ellos dijeron que El Club Chufa era una fuerza de suicidas-artistas con poder incalculable. Y que mucha más gente se iba a suicidar en los días posteriores.

Era un festival de risa y engaño. No podía creer que era tan fácil asustar a todo mundo. Fue la cima de mis años en el Club Chufa. Desde entonces supe que no era necesario hacer nada, ni siquiera escribir ni hacer cuadros ni esculturas para tener un efecto de terror y asombro en el público, ese patético, blando y somnoliento público que tanto odiamos.

La mentira es arte. Fíjense bien. Está escrito en el Manifiesto.


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