sábado, 19 de diciembre de 2009

La vida emergente en 2009

La revista Science propone a Ardi como el mayor avance científico de 2009. El Ardipithecus ramidus vivió hace 4,4 millones de años en la región africana de Afar (Etiopía) y constituye el último antepasado común de humanos y chimpancés, aún más antiguo que el Australopithecus afarensis (la hermosa Lucy) y a pesar de los datos inciertos y parciales de los anteriores Sahelanthropus tchadensis, Orrorin tugenensis y Ardipithecus kadamba. Lo que es de destacar es que Ardi es un hallazgo completísimo y, por lo mismo, extraordinario; un eslabón que sintetiza las características de los simios del Mioceno con los rasgos que surgirían velozmente con los homínidos posteriores. Al parecer, la evidencia sugiere que esta variedad de monos africanos se alejó radicalmente de la línea evolutiva de los modernos chimpancés, lo cual revela la naturaleza cada vez más dispar entre humanos y primates ya muy maltratada por el conteo del genoma.

En el Monte Bosavi, en la Isla de Nueva Guinea, en las remotas paredes y montañas de un volcán extinto, fueron encontradas una oruga peluda, una rata gigante, mariposas mastodonte, arañas saltadoras que no producen telarañas y tres variedades de canguros, gracias a una expedición organizada por la BBC. Para paliar las inquietudes de los musofóbicos, la rata (llamada Bosavi, provisionalmente) al parecer es vegetariana y extremadamente pacífica.

Raptorex kriegsteini, de 125 millones de años de antigüedad (final del periodo Cretácico inferior), descubierto en Yixian, China, es el pariente enano y literalmente testarudo del Tyrannosaurus rex. Antes del hallazgo, se pensaba que los dinosaurios miniatura no estaban relacionados directamente con los grandes depredadores (como yo XD ). Este pequeñín pesaba sólo 65 kilitos, mientras que el tiranosaurio tenía una masa de entre 6 a 8 toneladas. “La naturaleza es muy práctica”, declaró uno de los descubridores: “Dotó a una boca grande con colmillos filosos con unas piernas muy veloces”.

Aproximadamente 64 especies de hongos luminiscentes viven en regiones oscuras del planeta, al menos eso se pensaba antes de los descubrimientos publicados por Dennis Desjardin en la revista Mycologia. Cuatro nuevas variantes, halladas en América y Asia, emiten luz en sitios donde teóricamente no era necesario. Los científicos piensan que es un mecanismo de defensa para advertir a los animales nocturnos que si son usadas como alimento serán afectados por sus esporas. Dos especies fueron bautizadas bella y contundentemente en honor a los Requiem de Mozart: Mycena luxaeterna y Mycena luxperpetua.

En febrero de este año hizo su debut oficial la Titanoboa cerrejonensis, extinta hace aproximadamente 60 millones de años, para fortuna de los ofidiófobos. Fue descubierta en Colombia (La Guajira) y se trata de una serpiente que medía 13 ó 14 metros. En esa zona también se han encontrado fósiles de tortugas y cocodrilos gigantes que se cree eran parte de la dieta de este monstruo. Lo más destacado es que este develamiento niega que las zonas tropicales desaparecen en altas temperaturas, ya que la Titanoboa, como cualquier ofidio de sangre fría, depende del clima de su hábitat: de acuerdo a su tamaño, esta serpiente debía mantenerse en un clima que estuviera en el rango de entre 30 y 34 grados centígrados, 6 menos de los actuales 28 promedio anual en la región.

Isla de Ambón, Indonesia: la revista Copeia habla del olvidado Histiophryne psychedelica, una variedad del pez sapo descubierto ya hace 20 años. Se le dio ese nombre estrambótico en homenaje a los viajes ácidos con LSD: es naranja, con rayas azules y blancas que irradian, como un hipnotizador, de sus ojos cielos. Una especie ignorada por error, por un descuido taxonómico. Juguetón: sus aletas son piernas: se mueve “saltando”, rebotando al ritmo de su respiración.

Costas de California: se logra fotografiar y filmar por primera vez al pez cabeza transparente (Macropinna microstoma), del cual se sabe desde 1939, pero no se había logrado ninguna imagen. Su cráneo es transparente y sus ojos ultrasensibles pueden rotar para ver a través de su cabeza (!); ésta da la apariencia de un minúsculo universo hecho de órganos (se destroza si se extrae del mar). Viven a 600 y 800 metros de profundidad.

Eromanga, al norte de Queensland, Australia: Zac es el descubrimiento sensación en el país de los canguros. Es un saurópodo (cuello largo) comedor de plantas que existió hace 97 millones de años, medía 26 metros, parecido al brontosaurio (apatosaurios). Curiosamente en 2004, en esa misma región, fue hallado Cooper, el saurópodo más grande que se ha encontrado en Australia (medía 30 metros) aunque de la misma longevidad que Zac. El esqueleto del más reciente se conserva más completo y confirma para los paleontólogos menos ortodoxos que esa zona es un cementerio de dinosaurios.

La vida florece secretamente, a pesar de nosotros: de 1998 a 2008 se hallaron 353 nuevas especies en el Himalaya oriental, desde Bután, pasando por Myanmar hasta Nepal, tierra del legendario tigre de Bengala y el armado rinoceronte indio. El reporte se presentó este año bajo el nombre de The Eastern Himalayas-Where Worlds Collide, en donde se revelan oficialmente la existencia de 244 plantas, 16 anfibios, 16 reptiles, 14 peces, 2 aves, 2 mamíferos y al menos 60 invertebrados de recién descubrimiento. En el Valle de Hukawng, se desenterró el fósil de un geco que vivió hace 100 millones de años. También habitan actualmente en esa zona un venadito enano, una sorprendente rana que puede desplazarse por el aire gracias a sus membranas rojas y una nueva especie de macaco (Macaca munzala).

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