miércoles, 18 de julio de 2007

Heroes: filosofía para masas

La serie concebida por Tim Kring ha deslumbrado a la crítica desde su estreno, cuando sedujo a un público ávido de historias complejas ante el inminente vacío que dejaría la suspensión de la temporada de Lost. Desconfiado ante los fenómenos mediáticos engendrados por Norteamérica, me di a la tarea de acomodarme un horario para poder sintonizarla en sus repeticiones. Lo que ha maravillado a la famosa crítica es la combinación de personajes cotidianos con el descubrimiento de sus capacidades sobrehumanas. Hiro, un oficinista japonés cuasi kafkiano, que tiene la habilidad de teletransportarse a través del tiempo y el espacio; una animadora que puede regenerarse; un policía arruinado que lee la mente; un político que vuela y su hermano que absorbe poderes, son algunos de los casi infinitos entes de Heroes.

Sí, son personalidades carcomidas por la monotonía del día a día, pero que se enfrentan a la complejidad de saberse diferentes al resto de la humanidad. Ante esto, la opción del beneficio personal o el itinerario del bien de todos. La serie flaquea cuando nos percatamos de que los X-Men ya habían comprendido el tema y sus variantes, incluso los guionistas copian el motivo de la alteración genética. La tan aclamada “innovación” de presentarnos a individuos ordinarios, con problemas que empatan con los nuestros, es una especie de lavado de cerebro, aunque en realidad se trata de uno de los principios de la catarsis. La trama carece de sentido por su ampulosidad: aspira a lo global, cuando para los guionistas el mundo se reduce a Estados Unidos, y a unas cuantas escenas en la India y en Japón. Lo risible llega cuando todos los personajes de la serie, en algún momento dado, revelan sus dones y sospechamos que saben más de la cuenta, un chasco propio de la teoría de las conspiraciones. De repente, el mundo ya no es tan extraño para estos héroes, al contrario: es más difícil encontrar entre tanto superdotado a un sujeto común y corriente. Frente a tal autodeconstrucción de sus propias virtudes, la serie ha devenido en un festín de subtramas interminables, de situaciones inconexas, de búsquedas sin sentido, de escenas pseudoprofundas y dilatadas, detrás de las cuales se adivina el narcisismo de los mismos creadores, como si hubieran levantado un nuevo coloso de Rodas.

Si la premisa más fuerte sobre la que se funda la supuesta innovación de Heroes es que combina el desparpajo de individuos normales con elementos fantásticos, mejor me compro el set de los X-files. Al parecer, para los norteamericanos (y para algunos de esa extraña especie de adolescente inculto y que sustituye palabras por emoticonos) las historias realistas con variantes de lo maravilloso es algo originalísimo. Si no, explíquese el éxito incomprensible de Smallville y Lost. Habrá que asegurarnos la fama y comenzar a trabajar en los guiones basados en los cuentos de Kafka y Borges, las novelas del boom, o incluso en un Quijote modernizado. En todos estos ejemplos literarios la dualidad narración realista-narración fantástica es constitutiva y exacta, como los dos lados de una moneda.

Sonaré imprudente, pero si le sirve de algo, lo invito a leer los cómics de Stan Lee, en especial los X-Men, y se dará cuenta de lo evidente: del pastiche mediático de Heroes. O le puede ser útil en sentido contrario, como a mí: verla como un homenaje al legado de los mutantes de Lee la hace más soportable, aunque sus pretensiones sean las de superar al canon. A final de cuentas la obra de Kring, para contar su galimatías disfrazado de historias que se entrecruzan, depende de viejos recursos literarios y de los más comunes estilos del arte gráfico. La falsa premisa de que la serie es única por la mezcla de individuos patéticos y su condición suprahumana, simplemente intenta persuadirnos de que no estamos ante la clásica trama del bien contra el mal. No se nos vende una anécdota; las personas también esperan un plus, que se las trate como una entidad activa, estratega y pensante. Heroes les da coba y, por ello, es un producto engañoso: su complejidad (enredo, más bien) aparenta ser una filosofía elegante y visionaria, actual, a pesar de que desembarca en la gastada fórmula del viejo binomio moral.

6 reacciones:

Publicar un comentario

Aceptamos las críticas constructivas y destructivas, pero no aceptamos comentarios anónimos y normalmente los eliminamos. Con escribir su nombre al final de su nota basta. Que tenga un buen día.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...