sábado, 7 de febrero de 2015

La melodía de los poemas, la poesía de la música

La música y la poesía conjuntadas juegan un papel importante en el mundo lírico. Mientras que un texto se divisan el ritmo, elementos aliterantes y la belleza declamativa o sonora, en la música se encuentran referencias y construcciones del discurso poético. En el aspecto composicional las dos requieren elementos de cuantificación como lo son los distintos tipos pies métricos, estos clasificados como yambo, dáctilo y anapéstico, dactílico, anfibráquico, que en la música reciben el nombre de figuras rítmicas (negras, corcheas, blancas, redondas) con el fin de dar duración al texto o intervalo.
Los orígenes que vinculan a la música y a la poesía se remontan a la tradición griega, evocadora de festividades y cultos dionisiacos que divulgaban la unión de estas artes. Hoy en día unir el desarrollo de la música y poesía es aún válido. No solo podemos calificarlo actual u objeto de estudio de gran interés en tiempos contemporáneos, sino de gran trascendencia, pues, desde sus inicios, las necesidades expresivas del hombre se han manifestado en estas dos venas acústicas, partiendo de la palabra y la propagación de su propia onomatopeya, música, ritmo y melodía.
En primera instancia, el discurso musical y el discurso poético se entrelazan a partir de rituales. El hombre crea poesía en torno al culto religioso o a la fuerza designada por las divinidades, como lo fueron las obras griegas, en su mayoría cantos a dioses y figuras heroicas. Entonces, desde su génesis la humanidad se expresa a través del canto y la poesía. Ambos quehaceres artísticos inician su vertiente en el sonido. La música parte del estudio del sonido y la belleza que este emite. La literatura a su vez se construye con base en la estética sonora y engloba la parte fonética en la declamación. El sonido es la unidad básica de construcción tanto en la literatura como en la música. El sonido sería, así, la unidad primaria en la música y poesía. “El poema no se escribe solo para ser leído sino también para ser declamado”, afirma Ivonne Guillon.
Asimismo, el ritmo también es un elemento de suma importancia. Como se dijo antes, el ritmo otorga el tiempo de las figuras rítmicas de distintos tipos. En la literatura los acentos métricos, las silabas tónicas, pausas y accidentes silábicos, referencian al ritmo dentro de sus géneros. Para Octavio Paz, el ritmo es incluso una actitud, un sentido y una imagen del mundo, distinta y particular. Se indica la relación entre las unidades mínimas de la palabra y el ritmo a través de estas posturas, en la que la mayoría de los creadores literarios o estudiosos conforman el punto básico de partida de la literatura y música para el reforzamiento de esta en complemento con otras artes y elementos imprescindibles en su elaboración.
Formalmente, la primera relación poesía-música o texto-música que se conoce es el epitafio de Sícilo. Además de los pies métricos, se distinguen otras métricas como el hexámetro, dístico elegíaco y la prosa métrica, sin olvidar otras medidas que clasifican en este método silábico: el troqueo y anfíbraco. Esta versificación es la que hace posible la unión homogénea de música y texto. A la posteridad, las melodías juglarescas arrojarían evidencias contundentes entre el enlace de música y poesía. La poética juglaresca era sencilla en términos técnicos. La melodía la encontramos monódica mientras que la poesía jugaba con rimas asonantes y consonantes. Los temas a veces variaban, puesto manejaban el amor cortes, así como burlas a los gobernantes. El lenguaje era vernáculo, debido a que su música y poesía eran recitadas también para plebeyos. En la literatura española siempre se ha percibido una gran carga musical, sobre todo en el siglo XV con la existencia de los cancioneros, recopilaciones poéticas en las  resaltan los versos octosilábicos. Como ejemplos se encuentran los cancioneros Cancionero de Baena y Cancionero general de Hernando del Castillo.
Si bien la tradición poética cancioneril arroja aspectos musicales innegables listos para el canto del trovador de la Edad Media, el método no cambiará para el siglo de Fray Luis de León, quien nace en Belmonte, provincia de Cuenca, España. Entre 1541 y 1542 ingresa en la orden de los agustinos. Su fe y su devoción hacia lo eclesiástico y lo divino le permiten tomar la Biblia como estudio constante. Su poética tiene gran influencia horaciana, aunque algunos estudiosos afirman que no pueden pasarse por alto las huellas de Garcilaso en la obra de Luis de León. En sus múltiples odas y otras composiciones se divisan los elementos musicales primordiales, como lo son el ritmo, la trepidación y esta enumeración aliterativa que se puede apreciar perfectamente en “Profecía del tajo. Si se imagina la musicalización de dicho poema, el equivalente sería un tono épico de gran sonido y magnitud, correspondiente a las composiciones de Wagner y sus tonalidades basadas en un todo un leitmotiv, heroicas y de complejidad en acordes que suenan bélicos. En el poema “Canción al nacimiento de la hija del marqués de Alcañices” se percibe la melodía coral, puesto que las vocales son las que tienen resonancia. Las dieciséis liras que conforman el poema aumentan su musicalidad y le dan mayor facilidad a la intervención de algún instrumento de aliento o cuerda. Su distribución también permite adaptarlo a partitura porque la composición poética puede organizarse en 3 partes, estructura en la música que parte de ABA. Aunque las últimas estrofas no se emparenten con las primeras, el ritmo es constante y se puede manejar con el modelo musical mencionado, para referencias podría citarse a Monteverdi y sus composiciones vocales:   
Inspira nuevo canto, 
Calíope, en mi pecho aqueste día; 
que de los Borja canto 
y Enríquez la alegría, 
y el rico don que el cielo les invía. 
Hermoso sol luciente, 
que el día das y llevas, rodeado 
de luz resplandeciente 
más de lo acostumbrado 
sal ya, y verás nacido tu traslado. 
O si te place agora 
en la región contraria hacer manida, 
detente allá en buen hora; 
que con la luz nacida 
podrá ser nuestra esfera esclarecida. 
Alma divina, en velo 
de femeniles miembros encerrada, 
cuando veniste al suelo 
robaste de pasada 
la celestial riquísima morada

También se visualizan imágenes de la tradición grecolatina con menciones a la musa Calíope, musa de la inspiración, de la poesía, de “bella voz” y a Apolo, divinidad superior de la mitología griega. Todos estos elementos y herencias griegas vinculan a la historicidad de la música y la poesía, como importantes manifestaciones lirico- musicales. Fray Luis de León escribe una de sus más preciadas odas a Francisco de Salinas como muestra de agradecimiento, magnificando la labor del musicólogo. Ahora, dentro del siguiente poema titulado “Oda a Francisco Salinas”, se observa tuna construcción poético-musical, con la excepción de que no es un instrumento o canto específico, sino que elabora un universo alternante de sonido en el que se pueden percibir figuras armónicas importantes. Se tiene rima, se tienen juegos eufónicos y paralelismos con la música a través del léxico o semantización empleados en el poema, palabras como “son”, “música” “cítara” y “armonía” Expone de manera cíclica la música y como ente imperecedero e infinito. En su totalidad esta composición trata de mostrar el camino de la divinidad a través del fenómeno musical. Su distribución inicial es uniforme y parte de quintetos, y finaliza con una extensión de las estrofas, casi como edificando aún más la condición de éxtasis relacionado a la música y un fortísimo se colocara en la línea melódica de los versos. El poema de Fray Luis de León era comunicarle a Salinas el placer, el camino la inmortalidad y el gran tesoro que se tienen al hacer música. Este acontecimiento se suma a los acervos  músico-poéticos vistos desde el enfoque místico. Se observa que el texto puede adherirse perfectamente a la música y viceversa:

cuyo son divino
el alma que en olvido está sumida
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida. Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora:
el oro desconoce
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca engañadora.Traspaso el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera […]

Teniendo en cuenta esta propuesta de análisis de Fray Luis de León por medio de los recursos de la música, la literatura toma partida de una estructura coral, madrigalista, cuyo canto inicia en las liras y termina en el deleite auditivo. En términos más profundos, la división de las estrofas y verso, edifica la línea en la que el acorde y el verso pueden unirse para armonizarse, es decir, empatarse por medio del sonido de las palabras, ya que las características armónicas se refieren al equilibrio y a la concordancia. Los conjuntos adecuados de unidades de texto y sus espacios, sus silencios a través de los encabalgamientos, trepidaciones y símbolos gramaticales. Estas alusiones relacionan a la música y a la poesía como parte de la temporalidad o espacio, es decir, ya no la música o la poesía como una forma popular o banal, sino como una concepción dimensional y mística en la poesía de Fray Luis de León, sobre todo en la "Oda a Salinas".
La tradición poética musical enumera los conceptos y cualidades que permiten estudios históricos, es decir, las ramificaciones artísticas literatura y música nacen de una necesidad de expresión en el hombre. Esta expresión lleva al hombre a las sendas del proceso creativo de manera cronológica y gradual, pero no solo la historia se descubre, sino que también a partir de la exposición literaria o musical se conocen diversas culturas y movimientos. En este caso, a través de las pertinencias musicales en la poesía de Fray Luis de León, se conocieron aspectos de la cultura de los Siglos de Oro desde la óptica del misticismo y demás cultura de fenómenos divinos. El placer, la máxima experiencia con Dios, partiendo de la vida y sus procesos naturales con la luz del don, como lo son el genérico poético y la música, fuentes universales del hombre desde sus primicias hasta la búsqueda intelectual de la psique.


Referencias

Guillon Barret, Ivonne. Versificación española. México D.F: Compañía General De Ediciones, 1976.

Louzao Pardo, Ramón. “Pertinencias de elementos musicales en literatura.” Cervantes Virtual. Sociedad española de literatura general y comparada, 30 de junio de 2006. Web. 5 de febrero de 2015. http://www.cervantesvirtual.com/obra/pertinencia-de-elementos-musicales-en-literatura-0/

Paz Octavio. El arco y la lira. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1956.

Ramajo, Caño Antonio. Poesía de Fray Luis de León. Volumen 38. Madrid: Biblioteca de la Real Academia Española, 1992.

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