sábado, 8 de marzo de 2014

Dos poemas traidores



Un lugar común: como práctica poética, una traducción es más bien una versión, una forma virtuosa de la traición. Traducir un poema, se dice, es escribir otro. Que se traducen las palabras, no el tono, Etcétera. Es un lugar común, sí, pero es un lugar común cierto. En algún punto de la transición idiomática, el lenguaje admite inflexiones que enriquecen y disparan las potencialidades del poema. El fenómeno como tal es curioso y hasta necesario. La traducción nos brinda el efecto de un significante articulado entre la familiaridad y la sorpresa. No hay logro en que un poema traducido sea una voz propia, sino en que, sin dejar de ser esto, comporte el eco de otro al que, por motivos lingüísticos o socioculturales, jamás conozcamos.

Poeta y poeta-traductor, gran ejemplo de la tentativa moderna por trazar puentes entre distintas tradiciones literarias, Ezra Pound (1885-1972) estuvo recluido por más de diez años en el hospital psiquiátrico St. Elizabeths, Washington D.C. Su “locura” (no estaba médicamente loco) fue apoyar con vehemencia a Benito Mussolini, el fascismo, el antisemitismo. Demencia fue, sin embargo, el argumento para que no fuera encarcelado o condenado a muerte. Por esto y por su extraordinaria obra, el caso de Pound no tiene parangón en la literatura del siglo XX.

Quiero compartir, no un poema de Ezra Pound, sino uno de la poeta norteamericana Elizabeth Bishop (1911-1979) surgido precisamente a propósito de las visitas que ésta realizaba a su compatriota durante su estancia en el manicomio:

Visits to St. Elizabeths
This is the house of Bedlam.

This is the man
that lies in the house of Bedlam.

This is the time
of the tragic man
that lies in the house of Bedlam.

This is a wristwatch
telling the time
of the talkative man
that lies in the house of Bedlam.

This is a sailor
wearing the watch
that tells the time
of the honored man
that lies in the house of Bedlam.

This is the roadstead all of board
reached by the sailor
wearing the watch
that tells the time
of the old, brave man
that lies in the house of Bedlam.

These are the years and the walls of the ward,
the winds and clouds of the sea of board
sailed by the sailor
wearing the watch
that tells the time
of the cranky man
that lies in the house of Bedlam.

This is a Jew in a newspaper hat
that dances weeping down the ward
over the creaking sea of board
beyond the sailor
winding his watch
that tells the time
of the cruel man
that lies in the house of Bedlam.

This is a world of books gone flat.
This is a Jew in a newspaper hat
that dances weeping down the ward
over the creaking sea of board
of the batty sailor
that winds his watch
that tells the time
of the busy man
that lies in the house of Bedlam.

This is a boy that pats the floor
to see if the world is there, is flat,
for the widowed Jew in the newspaper hat
that dances weeping down the ward
waltzing the length of a weaving board
by the silent sailor
that hears his watch
that ticks the time
of the tedious man
that lies in the house of Bedlam.

These are the years and the walls and the door
that shut on a boy that pats the floor
to feel if the world is there and flat.
This is a Jew in a newspaper hat
that dances joyfully down the ward
into the parting seas of board
past the staring sailor
that shakes his watch
that tells the time
of the poet, the man
that lies in the house of Bedlam.

This is the soldier home from the war.
These are the years and the walls and the door
that shut on a boy that pats the floor
to see if the world is round or flat.
This is a Jew in a newspaper hat
that dances carefully down the ward,
walking the plank of a coffin board
with the crazy sailor
that shows his watch
that tells the time
of the wretched man
that lies in the house of Bedlam*.
En Versiones y diversioness (1984), Octavio Paz reúne todas sus traducciones, entre las que figuran textos en lengua inglesa (John Donne, William Carlos Williams), francesa (Gérard de Nerval, André Breton, Paul Eluard), portuguesa (Fernando Pessoa), sueca, china y japonesa. Paz tradujo, por supuesto, poemas de Ezra Pound (Canto CXVI) y tres textos de Elizabeth Bishop incluyendo el poema anteriormente citado:

Visitas a St. Elizabeths
Ésta es la casa de los locos.

Éste es el hombre
que está en la casa de los locos.

Éste es el tiempo
del hombre trágico
que está en la casa de los locos.

Éste es el reloj-pulsera
que da la hora
del hombre locuaz
que está en la casa de los locos.

Éste es el marinero
que usa el reloj
que da la hora
del hombre tan celebrado
que está en la casa de los locos.

Ésta es la rada hecha de tablas
adonde llega el marinero
que usa el reloj
que da la hora
del viejo valeroso
que está en la casa de los locos.

Éstos son los años y los muros del dormitorio,
el viento y las nubes del mar de tablas
navegado por el marinero
que usa el reloj
que da la hora
del maniaco
que está en la casa de los locos.

Éste es un judío con un gorro de papel periódico
que baila llorando por el dormitorio
sobre el mar de tablas rechinantes
más allá del marinero
que da cuerda al reloj
que da la hora
del hombre cruel
que está en la casa de los locos.

Éste es un universo de libros desinflados.
Éste es un judío con un gorro de papel periódico
que baila llorando por el dormitorio
sobre el rechinante mar de tablas
del marinero ido
que da cuerda al reloj
que da la hora
del hombre atareado
que está en la casa de los locos.

Éste es un muchacho que golpetea el piso
por ver si el mundo está allí y si es plano
para el viudo judío con un gorro de papel periódico
que baila llorando por el dormitorio
valsando sobre una tabla ondulada
cerca del marinero mudo
que oye el reloj
que puntúa las horas
del hombre fastidioso
que está en la casa de los locos.

Éstos son los años y los muros y la puerta
que se cierra sobre un muchacho que golpetea el piso
para saber si el mundo está allí y si es plano.
Éste es un judío con un gorro de papel periódico
que baila alegremente por el dormitorio
en los mares de tablas que se van
más allá del marinero de los ojos en blanco
que sacude el reloj
que da la hora
del poeta, el hombre
que está en la casa de los locos.

Éste es el soldado que vuelve de la guerra.
Éstos son los años y los muros y la puerta
que se cierra sobre un muchacho que golpetea el piso
para saber si el mundo es plano o redondo.
Éste es un judío con un gorro de papel periódico
que baila con cuidado por el dormitorio
caminando sobre la tabla de un ataúd
con el marinero chiflado
que muestra el reloj
que da la hora
del desdichado
que está en la casa de los locos**.
Hay un ritmo, una evidente regularidad (métrica y de imágenes) atravesando los dos poemas que parecerían retar a la idea de que un poema traducido es una versión traicionera del original. En este caso, uno no es más que el espejo del otro. La consecución de sentencias, los compases equivalentes en las dos lenguas, el entrelazamiento de las sintaxis española e inglesa, evocan a la vez que modelan el estado de cosas (objetos, tensiones, afectos, situaciones) en el hospital que recluye al poeta-traductor y traidor a la patria, ensimismado en la plena sonoridad del lenguaje. Un gran homenaje en dos poemas –o uno solo donde la voz y el eco se confunden.
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*Bishop, Elizabeth. The Complete Poems 1927-1979. New York: Farrar, Straus & Giroux, 1979.

**Paz, Octavio. Versiones y diversiones. 2da. edición. México D.F.: Joaquín Mortiz, 1984. 93-96.
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