martes, 13 de abril de 2010

El Club Chufa discute: El futuro de la Iglesia Católica

FUGO MEDINA:

El tema de la Iglesia católica me es tan interesante como le es a un pelícano ancianizado y vocinglero la teoría de las supercuerdas. Esto es porque la Iglesia católica está tan lejana a la vida práctica como lo está el ejercicio del poder de un Estado. Resulta triste que las personas se enojen o se alegren de la postura del papa por tal o cual tema: da igual, a final de cuentas el aborto, el sexo con o sin condón, la pederastia, el narcotráfico, el asesinato y todos los demás vicios humanos estarán ahí, independientemente de lo que exprese cualquier tipo de institución.

No creo provechoso soltar predicciones que todos ya sabemos: ahí estará ese inmenso loro enloquecido, como ha estado desde tiempos inmemoriales. Ya sea bajo la forma pagana (atacada por Sócrates), o como la efigie obesa de la Edad Media o miope y decrépita de la edad actual. En el futuro holístico y surreal que nos espera, podría ser que el catolicismo dé paso a un fanatismo no menos falaz, como lo es el ingenuo pensamiento científico decimonónico que muchos ejercen al denunciar a la Iglesia católica.

Ellos, igual de absurdos, pasan sus valiosos minutos siguiendo las tropelías del inútil papado y el simulacro esplendoroso de sus millones de seguidores católicos. La decadencia de la Iglesia católica fue anunciada desde tiempos inmemoriales. Hoy también se anuncia con música electrónica de Paul Oakenfold de fondo. Ese es el futuro: su eterno presente.


CARMEN MARTÍNEZ

A riesgo de recibir la etiqueta de jacobina o de que se descalifique mi comentario por ensayar la corrección política, diré que no me parece bueno que debamos quedarnos indiferentes ante los últimos hechos que involucran a la Iglesia Católica y que resaltan más las contradicciones morales de sus actores. No, a mí tampoco me importa la vida o la muerte de la institución católica. Lo que llama mi atención es la ingenuidad que han demostrado sus defensores, tanto quienes elaboran las disculpas torpes como quienes las aceptan.

A estas alturas, la atrición (que no contrición, como explica León Krauze) del papa y del Vaticano se revela burda política: piden perdón por los crímenes de sus pastores, pero se justifican señalando a la sociedad: ahora los culpables de la pedofilia de sus sacerdotes son la hipersexualidad de la cultura, la homosexualidad, los efebos provocadores… Intentos inútiles por evitar la deslegitimación. Simplemente se niegan a aceptar que han sido cómplices de una serie de crímenes y que ahora más que nunca les viene mal prohibir, dirigir en lo moral y en lo espiritual.

Pero quizá, como dice Fugo, su futuro es su eterno presente. Tal vez toda sociedad tiene las instituciones que se merece. Pareciera que la iglesia teme ser juzgada si se reforma o moderniza. ¿Teme que se crea que ha dejado de ser el ancla para la tormenta moral que asola al mundo? ¿Temerá ser desplazada, denostada porque sabe que el ser humano necesita un sistema moral rígido, algo normado que no tenga que cuestionarse?

Tampoco creo que la demás mercadería espiritual ofrezca algo nuevo: ni el new age, ni cualquier iglesita-negocio de reciente creación. Quizá esté hablando desde el más ingenuo dawkinismo. Pero al menos puedo decir que los argumentos de este nuevo activismo apelan más a mi razón. Por otro lado, como postura moral prefiero el cinismo que ver la pesada bandera del dogma en manos de seres tan débiles.


CARLOS MAL

No podemos negar que estamos en medio de un torbellino mediático que tiene al Papa y a su ejército de clérigos lascivos en boca de todos, para usar un lugar común muy poco elegante. Es difícil para nosotros, seculares inexorables, no fantasear con una estrepitosa caída: vemos en nuestros sueños al Vaticano cayéndose piedra tras piedra en el abismo que ha prometido por siglos para nosotros.

Pero no va a pasar. Si la Iglesia Católica sobrevivió el gran Cisma de Occidente y la Reforma de Lutero, difícilmente se caerá en pedazos por lo que es, tristemente, un escándalo criminal. Y no es secreto que en el Vaticano se han perpetuado crímenes desde siempre, lo que sí es cierto es que los que acusamos a la Iglesia por no ser pura y santa cometemos el error de asumirle perfección y pulcritud desde el principio. Si los crímenes son tremendos lo serían igualmente si la institución que los comete fuera la Coca-Cola o la FIFA.

A lo mejor tenía razón Nostradamus cuando "decía" que este el último Papa (no el Papa del fin del mundo, sino el Papa del fin de la Iglesia, de la cual Michel de Nostradamus era devoto)... No, ni de puto chiste. Ya verán cómo todo esto se olvida cuando llegue el Mundial de Sudáfrica.

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