martes, 13 de enero de 2009

Puto Quevedo enamorado

Cuando me preguntan cuáles son las nuevas tendencias en la literatura contemporánea, desde lo más profundo de mi ignorancia contesto: “no sé... yo ayer estaba leyendo a Balzac.” Y, por supuesto, no es que haya estado leyendo al novelista decimonónico francés: es sólo una respuesta abrupta de mi espíritu rancio y reaccionario.

El poeta español Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas (1580-1645) quizás hubiera contestado a la misma pregunta con un exabrupto genial y ácido. Su visión implacable y cínica del mundo nos hubiera transportado en una sentencia a una paradoja a un tiempo escatológica y sublime. Más que rancio y reaccionario, el Quevedo que se deja leer en sus poemas es un tipo cuya obsesión barroca por los contrastes estéticos, morales y espirituales, hace pensar que el mundo no siempre está en esta o aquella ribera. La tierra es redonda y se puede ver de todos lados. Sin embargo, mundo sólo hay uno y todos nos vamos a morir. Por tanto, la sordidez de la realidad confluye en una simbiosis con lo noble.

Quevedo, el estoico aristócrata, se revuelca en el burdel con las meretrices y escribe solemnes sonetos a Lisis, presumiblemente una amada inalcanzable. Bien, dejando a un lado este choro mareador a manera de disquisición filosófica, el caso es que, como dice el corrido de la banda Laberinto, “era cabrón el viejo.”

Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece,
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.

Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato puteril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía;

mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;
y como puto muera yo quemado,

si de otras tales putas me pagare;
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.

________________________

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no de esotra parte en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
medulas, que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
_________________________

Sólo un lujurioso cursi -o un descreído esperanzando en la trascendencia del amor post-mortem- sería capaz de escribir algo así. Cuando me pregunten cuáles son las nuevas tendencias de la literatura contemporánea, en mi cinismo diré: “no sé... yo ayer estaba leyendo al cabrón de Quevedo.”


2 reacciones:

Publicar un comentario

Aceptamos las críticas constructivas y destructivas, pero no aceptamos comentarios anónimos y normalmente los eliminamos. Con escribir su nombre al final de su nota basta. Que tenga un buen día.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...