viernes, 24 de octubre de 2008

Metaficción (parte 1)

Hace ya medio siglo surgió la discusión sobre la crisis de la novela y su definitivo agotamiento formal. En el marco de esta tensión entre directrices, entre el realismo crítico, social y, en Francia, el llamado nouveau roman, la novela ha conocido otro tipo de desarrollo paralelo a la llamada “muerte de la novela”.

Según escribe Carlos Fuentes en La nueva novela hispanoamericana, lo que desapareció fue la forma de arte burgués y su corolario narrativo, el realismo objetivo. Tal enfoque supone un estilo en esencia descriptivo y una forma psicológica de estudiar a los individuos en su relación con la sociedad.

Para Alberto Moravia es un hecho: la muerte de la novela se relaciona con el surgimiento del capitalismo hedonista y con sus múltiples recursos de masificación de los elementos formales. Temas, recursos, personajes y sus intencionalidades están sometidas al arbitrio de las masas y por lo tanto a merced de una banalización que va desde los media hasta lo más formal, como los métodos psicoanalíticos o sociológicos bajo los cuales se estudia la literatura.

En verdad, esta polémica se asocia a un cambio sustancial de perspectiva que radica en la manera de acercarse al fenómeno de la realidad y, ante todo, al hecho mismo del texto. La conciencia de que la cultura existe como un conjunto de estructuras lingüísticas o códigos ha favorecido el surgimiento de una conciencia formal que ha planteado en términos de “redes semióticas” la realidad externa y la historia misma. La perspectiva de la novela que autocritica sus procedimientos de construcción ha sido bautizada como “conciencia metaficcional”, con lo que se quiere indicar este cambio de visión acerca del hecho novelesco.

Fue Williams Gass en 1970 quien acuñó el término metaficción para indicar que las novelas que presentan un alto grado de ficcionalidad, autorreflexividad y autocrítica no deben ser entendidas como “antinovelas”, palabra que para él posee connotaciones negativas porque las metaficciones no necesariamente se oponen a la narrativa de estirpe realista y a sus implicaciones ideológicas. Gass entiende, a la inversa que sus contemporáneos teóricos, que no todo arte realista es una estética al servicio del Estado.

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