domingo, 5 de octubre de 2008

George Orwell ya bloguea

El Diccionario Panhispánico de Dudas presenta, en su edición 2005, una entrada dedicada al término blog [con g], equiparándola a bitácora. No sé si es extraño o sintomático de un cambio de paradigma (como dicen los epistemólogos de café) que una institución de connotaciones tan rancias y reaccionarias haya estado más o menos a tono con estos tiempos de sofisticadas e instantáneas tecnologías de la información y, asimismo, a tono con este fenómeno electrónico explotado en la fiebre de blogstars y blogadictos. El autor y el lector en su minúscula y sumaria expresión.

El blogstar es, cual paradoja, una especie de celebridad de a pie: mitad escritor, mitad personaje, ha intentado encarnar la profecía andywarholiana hasta llevarla al límite sin, por supuesto, grandes logros y con demasiadas pretensiones. Es el gran pretencioso, pero es también el gran accesible. En la acotación implicada por el caos global de información, de redes sociales, de feedback, es, además, un extremista de ocasión, capaz de volver retrato moral una viñeta, o temple de ánimo un perfil de usuario. Lo suyo es el pastiche, esa obscenidad de discursos gastados y adecuados en una cierta disposición que simulan actualidad, innovación y originalidad. El tono de sus sentencias posee un barniz –como quería Marcel Duchamp que fuese conocido su arte— meta-irónico, es decir, una combinación aleatoria de voces apenas sugeridas que aspiran, en vano, a construir un espacio tiempo-mental ya prediseñado en la plantilla, las fuentes, las imágenes, las figuras, en fin, todo lo que denominamos con el término sospechoso de hiperrealidad.

Del blogstar, ya con ínfulas de escritor o actor dirigido al gran público o del selecto, puede decirse lo mismo que Baudrillard planteaba respecto a la semiótica de la moda:

lo que se busca ya no es tanto la belleza o la seducción como el look. Cada cual busca su look. Como ya no es posible definirse por la propia existencia, sólo queda por hacer un acto de apariencia sin preocuparse por ser, ni siquiera por ser visto. Ya no: existo, estoy aquí; sino: soy visible, soy imagen —look-look—. Ni siquiera es narcisismo sino una extroversión sin profundidad, una especie de ingenuidad publicitaria en la cual cada cual se convierte en empresario de su propia apariencia.
El look es una especie de imagen mínima, de menor definición, como la imagen video, de imagen táctil, como diría McLuhan, que ni siquiera provoca la mirada o la admiración, como sigue haciendo la moda, sino un puro efecto especial, sin significación concreta. El look ya no es la moda, es una forma superada de la moda. Ni siquiera se basa en una lógica de la distinción, ya no es un juego de diferencias, juega a la diferencia sin creer en ella. Es la indiferencia. Ser uno mismo se ha vuelto una hazaña efímera, sin mañana, un amaneramiento desencantado en un mundo sin modales...*
Bajo esta analogía, el blogstar es también un autopromotor que recopila y ordena sus obras completas en una instantánea y perpetua edición electrónica. La autocomplacencia efímera hace de un blog el espacio –esa noción escurridiza— donde la literatura se perfila como imagen virtual y su no-solidez, más que colindar con la insignificancia o la intrascendencia, adquiere una suerte de vértigo hasta venir, insospechadamente, el click.

Una vez más, con este dispositivo de marketing, el ámbito de la escritura (y por extensión, de la baja o alta cultura) queda vinculado y supeditado a las potencialidades de la tecnología. Si, con la invención de la imprenta, el siglo XV supuso un avivamiento de las prácticas de escritura, edición y respectiva divulgación del conocimiento, y si el correo electrónico resucitó el olvidado género epistolar; estamos ahora frente a una vorágine de relaciones sociales que aluden a esta era en que toda actividad, para ser validada, presume de democracia y participación a mano alzada, sea en bola o agazapada. Todos opinamos, todos somos autoridad y, por lo tanto, todos escribimos. “Y tú, no escribes?” –se pregunta. “Tengo un blog”—se contesta.

Como siempre, el sector culto y académico ha reaccionado con demasiado escepticismo. Si bien un poco tarde y mal, es ya moneda corriente ver bloguear a, por hablar del caso de México, Guillermo Sheridan, Christopher Domínguez, Roger Bartra y José de la Colina en el portal electrónico de la revista Letras Libres. José Saramago se ha sumado también a la blogósfera. El portal literario español Boomeran viene, desde 2005, hospedando a escritores como Félix de Azúa, Xavier Velasco, Edmundo Paz Soldán, entres otros escritores hispanoamericanos.

Mención especial a Yoani Sánchez, una actual bloguera cubana. Sabemos ya la historia del exilio. Sabemos también del exilio interior, es decir, de aquellos que han abandonado –víctima de las inclemencias del régimen— Cuba sin salir de la isla. Yoani, licenciada en filología y autora de una serie de relatos, crónicas y anécdotas sobre la situación en los tiempos del régimen cubano, el régimen castrista sin Castro. Escritas desde una perspectiva irónica, crítica, original y lúcida, sus entradas (o posts) se refieren, cruda y acaso cómicamente, a la Generación Y, aquellos
nacidos en la Cuba de los años 70s y los 80s, marcados por las escuelas al campo, los muñequitos rusos, las salidas ilegales y la frustración. Así que invito especialmente a Yanisleidi, Yoandri, Yusimí, Yuniesky y otros que arrastran sus "y griegas".
Es clara la alusión a esa generación heredera de Yolanda, la mujer icónica en la famosa canción de Pablo Milanés, en cuyo último concierto fue apaleada y arrestada por los policías de los Castro por gritar Gorky, Gorky, Gorky! El concierto se celebró en la Tribuna Antiimperialista al son de la gastada Yolanda de Pablito. Goky Águila es el líder de una banda de punk llamada Porno para Ricardo, encarcelado por burlarse de la Revolución Cubana, de Fidel y Raúl Castro. Gorky pudo haber pasado 4 años en la cárcel, pues es considerado, según las leyes, sumamente peligroso. “Felizmente”, sólo se ha multado con 26 dólares. Y aquí, silencio, silencio. (En nuestro país, un jovencito, impetuoso cuanto agudo, tuvo la idea incendiaria de gritar Espurio, Espurio! al presidente. Realizada en el contexto de una premiación, mientras Calderón recordaba el 2 de octubre de 1968 en su discurso, la hazaña de Andrés Gómez fue secundada en clamor popular por los pejeadictos, esos expertos en estadísticas y/o mitologías del fraude. “En este país no hay libertad”—vociferaba el joven mientras era escoltado por el Estado Mayor Presidencial. La presidencia no le levantó cargos. “No es mi presidente” –reclamaba el joven. Su padre, un doctor de ciencias políticas por la UNAM –de esos que celebran la libertad del pueblo en Cuba—, señaló el hecho de que era una contradicción que Calderón, el presidente, señalara el evento del 68, etc.)

Yoani Sánchez estuvo en Suiza, regresó a su país y ha decidido quedarse. Se ha hecho acreedora al Premio Ortega y Gasset de Periodismo 2008, el cual no pudo recibir debido a que las autoridades le negaron el permiso para poder viajar a España. El blog ha tenido problemas “técnicos” para ser accesado desde la isla. Así, ella guarda sus posts en una memoria usb y los envía a Alemania, donde se encuentra el servidor que publica sus textos. Y aquí, silencio, silencio. Que nadie diga nada. Se entiende: es el proletariado vigilando la dictadura del proletariado. Eso me recuerda a un joven, valeroso cuanto agudo, que me amenazó con vengarse por comentarle que el socialismo científico no es científico. Responsabilizo de cualquier evento que me pudiese pasar a Marx y a Engels.

Y la última entrada triunfal por la pasarela ha sido la del escritor inglés, George Orwell, quien postea (es decir, escribe) desde la famosa hospedadora de blog, wordpress. Una profesora de la Universidad de Westminster se encarga, desde el pasado 9 de agosto, de administrar su blog, el cual presenta en tiempo real el diario escrito por Orwell desde 1938 hasta 1942. Así, el autor es ya un blogger que nos transmite sus memorias, reflexiones y datos más íntimos sobre su convulsa vida. Quizá no sea inútil señalar que, a estas alturas, el autor de Rebelión en la granja es hoy, en tiempos del totalitarismo electrónico, más leído.

Por mi parte, confieso que he blogueado. También desde 2005, he modificado y afinado mi look, mi perfil, mi plantilla, en esa lógica intrigante y zigzagueante entre la diferencia y la indiferencia, la banalidad y el anhelo de profundidad, la autopromoción y la autodesacreditación, todo aquello, en fin, que perpetúa la antigua y moderna comunión entre autor y lector.

*Baudrillard, Jean. La transparencia del mal. Ensayo sobre los fenómenos extremos. Barcelona: Anagrama, 1993. 10.

1 reacciones:

Publicar un comentario

Aceptamos las críticas constructivas y destructivas, pero no aceptamos comentarios anónimos y normalmente los eliminamos. Con escribir su nombre al final de su nota basta. Que tenga un buen día.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...