miércoles, 9 de abril de 2008

Newton y Sor Juana

En 1642, en Woolsthorpe, Lincolnshire, y el mismo año en que Galileo murió, nació Isaac Newton, uno de los más influyentes científicos de la historia, después de Albert Einstein. El método de fluxiones llevó a Newton a desarrollar lo que hoy en día conocemos como cálculo, aunque después Leibniz llegó a los mismos resultados, creando el cálculo diferencial. En el campo de la óptica, Newton propuso la teoría de que las emisiones solares estaban compuestas por una mezcla de rayos y que las reflexiones y refracciones de la luz podían hacer que sus componentes emergieran. Newton logró demostrar su teoría al hacer pasar un rayo de sol por un prisma.

En el año de 1687, publicó su trabajo capital, Principios matemáticos de la filosofía natural, donde incluía la famosa Ley de Gravitación Universal. A partir de ahí, la física comenzó una etapa plenamente moderna que aún hoy en día nos es de suma utilidad. Aplicó a las tres leyes de las órbitas keplerianas tres postulados sobre el movimiento; de ahí infirió su ley gravitatoria. Su ecuación sintetiza las tres observaciones de Kepler y explica en gran parte el comportamiento del universo. Su teoría demuestra cómo a todos los cuerpos en el espacio y en la Tierra les afecta la fuerza de gravedad. Las leyes de Kepler explican cómo se mueven los cuerpos celestes, pero no por qué. Las tres leyes de Newton, que posteriormente le servirían para la ley de gravitación, son las siguientes:


1.- Los planetas se desvían del camino recto. No tienen un movimiento rectilíneo e uniforme. Por lo tanto sobre ellos actúa alguna fuerza

2.- Una fuerza causa una aceleración. La aceleración que produce esa fuerza es tal que el planeta se mueve en una elipse con el sol en un foco y cumpliendo las otras dos leyes de Kepler.

3.- Si el Sol ejerce una fuerza sobre el planeta, éste ejerce sobre el sol una fuerza de la misma intensidad, pero dirigida al revés.


Los planetas no pueden hacer que el Sol gire alrededor de ellos, porque a mayor masa corresponde mayor inercia. El Sol ejerce una fuerza de atracción gravitacional sobre el planeta, pero la Tierra también ejerce un impulso gravitatorio sobre él.

La Ley de Gravitación Universal, entonces, establece que entre todos los cuerpos, independiente de su naturaleza, actúa la fuerza de la gravedad, la cual sólo depende de la distancia entre los cuerpos y de la masa de ellos, lo cual igualmente implicó que esta fuerza tuviera influencia instantánea sobre los cuerpos. Las ideas de Newton introdujeron la noción de que una fuerza regía y ordenaba los movimientos y que no se trataba, precisamente, de Dios o el primer motor aristotélico. Su ley devino en la concepción de un espacio y un tiempo absoluto, ambos verdaderos y matemáticos.

Las explicaciones físicas de Newton fundaron las ideas de un cosmos que podía determinarse, que podía ser calculado, predicho. Su ley podía explicar, incluso, fenómenos distantes, como el movimiento de estrellas o sistemas más complejos, como galaxias. El gran poeta inglés, Alexander Pope, escribiría: “La Naturaleza y las leyes naturales se ocultaban en la noche; Dios dijo ‘Que nazca Newton’ y se hizo la luz”.

Por las mismas fechas en que Newton diera a conocer su trabajo cumbre, más allá de estas tierras revolucionarias, en los dominios de la España imperial, en el Nuevo Mundo, una monja escribiría uno de los poemas más perturbadores acerca de la naturaleza del universo. Rivalizando con Góngora y Quevedo, los maestros de la elipsis, Sor Juana Inés de la Cruz los superaría. Su Primero sueño o Sueño, un poema totalizante, excéntrico, hablará de la aventura humana de comprender el universo en su totalidad, a tono con las implicaciones futuras que tendría la Ley de Gravitación Universal en la cultura occidental.


La suprema de lo sublunar Reina soberana

Mientras Isaac Newton revolucionaba la manera de entender el universo y constituía legítimamente la ciencia de la física, en la Nueva España Sor Juana Inés de la Cruz escribía su monumental obra cumbre. En la Respuesta a Sor Filotea, Sor Juana confiesa que el único poema escrito bajo su gusto (no a pedido) era “un papelillo que llaman El sueño”.

El poema ha tenido múltiples interpretaciones: desde las posturas atomistas, pasando por las de estirpe hermética-alquímicas, hasta las de índole cartesiana. Su texto describe un viaje que va de la noche al día; de la ignorancia a la curiosidad epistemológica. Si Góngora lleva el arte de la elipsis a caminos insospechados, Sor Juana lo extenúa al omitir el paisaje bucólico de la tradición clásica (el “locus amoenus”) y describir el paisaje interno y externo en armonía: estómago, hígado, el cerebro y la sangre hasta llegar a los maravillosos movimientos planetarios. Todo ello siendo fiel a la filosofía hermética que une los movimientos del organismo con los desplazamientos cósmicos: el micro y el macrocosmos.

Al final, cuando queda dormida, el alma, “la suprema de lo sublunar Reina soberana”, se despoja del mundo sensible, se eleva y viaja al universo, a la esfera platónica de las ideas. En un momento de soberbia, como Ícaro, el alma piensa que puede comprenderlo todo; pero cae en la cuenta de que no podrá hacerlo, porque se enfrenta a la totalidad del universo. Quizás adelantándose a simples nociones kantianas, piensa en una escalera de conceptos (“haciendo escala, de un concepto // en otro va ascendiendo grado a grado”) para llegar a entender el cosmos. A pesar de que el cuerpo y el universo se coordinan en una danza sublime, la mente humana cae tras observar el esplendor de la naturaleza. Al final el día llega y todo recobra su color, su forma imperfecta.

Penosamente, en 1694 Sor Juana fue condenada al silencio como consecuencia de haberse involucrado en una polémica teológica con el padre Vieira y con el Obispo de Puebla, su confesor: Fernández de Santa Cruz. Tuvo que entregar para su venta los cuatro mil volúmenes de su biblioteca, sus materiales científicos y sus instrumentos musicales. Pero tras su “Sueño” se esconde la certeza de que el espíritu humano recomenzará la aventura del conocimiento, a pesar del silencio, a pesar de las imposiciones, a pesar de nuestras limitaciones y a pesar de lo inconmensurable del universo que habitamos.

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