miércoles, 23 de abril de 2008

Las Luces

Previo a la revolución francesa, en Europa surgió una tendencia del pensamiento que festejaba el poder de la razón sobre la materia. El nombre de Siglo de las Luces, de hecho, fue mencionado por varios autores, en referencia a que una nueva era de iluminación había surgido después de una época oscura e ignorante de la civilización. Descartes, Spinoza, Leibniz, Locke, Hobbes y Condorcet son los pensadores que precedieron el siglo ilustrado. Fueron alentados por los resultados obtenidos por Newton, con lo cual los filósofos entendieron que debían rendirle fe al poder de la razón, ya que progresarían de forma gradual, comprendiendo y dominando a la naturaleza, hasta llegar a un punto de bienestar universal.

Si podrían descifrarse los movimientos planetarios, de igual forma se podrían enhebrar las leyes de la naturaleza y, por lo tanto, se podrían deducir las normas sociales. El avance del conocimiento traería consigo logros técnicos y morales para la civilización, tarde que temprano. El ascenso de la mente humana, en cualquier ámbito, era imparable, como en el “Sueño” de Sor Juana.

En la época se sustituyó la verdad revelada por la Biblia y las autoridades de la antigüedad por la verdad obtenida como fruto de la investigación, bajo el rubro cartesiano de “ideas claras, objetivas y diferenciadas”. Se pensaba que la religión había sido la culpable de la ignorancia en la que se había vivido en el pasado, pero no todos los pensadores de la ilustración abandonaron la idea de Dios. Se dejó de lado, más bien, la maraña teológica del cristianismo. Así, se pensaba, el hombre no debía trabajar para su salvación ni pensar en lo que le ocurriría en el más allá después de muerto; al contrario, debía buscar los medios para mejorar las condiciones de vida en su estadía terrena. Tenía el deber de conseguir la felicidad mientras viviera.

Entre los filósofos más influyentes en la época, podemos mencionar a los franceses: Montesquieu, Denis Diderot, Voltaire y Rousseau. El anhelo del conocimiento enciclopédico de la época tuvo su fuerte representante en Diderot, quien emprendió la edición de la Enciclopedia entre 1751 y 1772. En ella participaron diversos autores y pretendía reunir bajo sus hojas todos los conocimientos de la humanidad. Sin embargo, también fue usada como arma propagandística, pues en ella se ataca a los oponentes de la Ilustración y se explica la postura de ésta.

Sin duda, uno de los pensadores más influyentes de la época fue Jean Jacques Rousseau, quien constituyó el contrapunto de las voces que celebraban a la razón humana. Rousseau advirtió que la evolución del conocimiento y la tecnología no equivalía necesariamente a una sociedad armónica y moralmente justa. Al contrario: podría devenir en la corrupción de los valores esenciales de la vida. Sus amargas visiones del futuro le aseguraron diversos enemigos, entre los que se contaba Diderot.

Así, Rousseau pedía que se mirara por igual a la emoción y la pasión humana, lejos de desecharlas por contraponerse al juicio claro del raciocinio. Sus escritos prepararon a Europa para lo que vendría a ser el romanticismo, un movimiento cultural amplio, con consecuencias aún resonantes. Se ha explicado que el Siglo de las Luces finalizó con la revolución francesa de 1789.

En Alemania, el desarrollo de la Ilustración tendrá su cenit con dos grandes de la filosofía: Kant y Hegel. En la Crítica de la razón pura, Kant realiza un análisis total del conocimiento humano, con el fin de crear las bases de una epistemología que obedeciera a las leyes de la lógica. La tesis defendida en la Crítica radica en que resulta posible formular juicios sintéticos “a priori” (uno más uno es igual a dos) lo cual demostraba que el acceso a los objetos del mundo material era imposible. Las percepciones tomadas del entorno sólo sirven para alimentar las sensaciones individuales. El orden de la materia no tiene existencia por sí mismo. El espacio y el tiempo incluso son coordenadas de la mente, condiciones a priori que devienen intuición con la cual las percepciones pueden ser medidas. La obra de Kant constituyó la síntesis del debate entre racionalistas y empiristas. Sus racionamientos lógicos derivarían en la filosofía hegeliana y, finalmente, en la teoría social de Marx.

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