domingo, 13 de abril de 2008

Chomsky vs. Foucault

No sabe uno qué se puede encontrar después de teclear “Foucault” en Youtube.com. El resultado es, amén de imágenes dispersas e inconexas, una suerte de morbosidad. Con miras a ahorrarse densas y sesudas páginas de lectura, uno piensa que “investigar” sobre un filósofo no es más una labor cuasi-ascética. Es ya un acto de vouyerismo o de impune pereza intelectual.

Así, tengo que uno de los tantos resultados que me arrojó la ventana al mundo en versión flash es un diálogo auspiciado por la televisión holandesa en los años setenta. El diálogo es entre Michel Foucault y Noam Chomsky, dos personajes que, bien mirados y extrapolando al grado del sofisma, representan dos estereotipos del pensamiento ideológico actual. Jamás los imaginé juntos, puesto que, como se deja ver en el video, sus percepciones y expectativas son tan diferentes que se acercan perversamente al absurdo: Filosofía y política.

Focault dice (mintiendo) que jamás se ha referido sino en torno a la segunda, tal vez un poco para curarse en salud al haber construido toda una sofisticada conceptualización sobre la naturaleza del discurso y el poder. Chomsky, a su vez, peca de ingenuo al relajar la reflexión sobre su propuesta política, convirtiéndola en un activismo internacional. Donde el entusiasta norteamericano dice anarcosindicalismo, el escéptico francés dice nada. Sería muy fácil e injusto reducir esta dualidad a la confrontación entre un americano agitador y un francés nihilista. El moderno y el posmoderno. Sin embargo, algo hay de eso…

Lo cierto es que en el fondo subyace una dialéctica más compleja y paradójica. El espíritu tácitamente conservador y quietista de la filosofía centroeuropea parece adquirir en Foucault cierta legitimación: su negativa a concebir al poder como una instancia con nombres y apellidos para entenderlo como un sistema de relaciones que todos (izquierda-derecha, pueblo-gobierno, proletario-burgués) padecemos. Además, su proyecto deconstructivo de los ideales de justicia, hermandad, etc., provoca un escozor en ciertas izquierdas, para quien el discurso de Focault da pie al reino del capital sin contrapesos. De ahí que, según cierta izquierda, la seguridad social en Francia haya querido ser desmantelada por una derecha acomodaticia que, como “fundamento filosófico”, cita a Foucault.

Es obvio que Noam Chomsky, por su parte, no ha vivido en el clima intelectual más afín a su visión política. O más bien, sólo en EUA pudo haber resultado ese científico social metido a activista de los derechos humanos y de reivindicación social. Alejado ya de la gramática generativa transformacional, combate a la hegemonía desde ella misma, con el lema de que “se puede cambiar el mundo sin tomar el poder”. Quiere hablar desde el margen sin dejar de hablar desde el centro. Altermundista, acude a presupuestos filosóficos profundamente idealistas y occidentales. La otredad es una construcción de la mismidad. Chomsky es, en ese sentido, la conciencia práctica de que el progreso no ha sido para todos. O que no todos lo entienden de la misma manera, aunque todos, con base en el atemporal y genérico patrón humano, aspiren platónicamente a él.

Veo este debate entre los susodichos en torno a la “esencia humana” con la perspectiva de que, más allá de la ideología y sus bemoles paradójicos, la verdadera esencia humana actual consiste acaso en ver Youtube.com.

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