domingo, 9 de marzo de 2008

Sören el angustioso

Después de Auschwitz y la bomba atómica, la condición "normal" de la humanidad es el nihilismo. La definición etimológica (nihil = nada) se ha vuelto ya un paradigma. Es una doctrina, un concepto y es, asimismo, una forma de vida. Lo cierto: Auschwitz y la bomba atómica son el gran retroceso. ¡Cómo no negar (o cuestionar) la lógica del progreso!... En medio de visiones ingenuas y lineales, tales hechos son más reveladores que extensos y cerebrales tomos de historia de las civilizaciones.
Así pues, de esta manera, el nihilismo no es tanto una acción del conocimiento frente al mundo, sino una reacción. No por nada, Sören Kierkegaard -el mismo que a los 28 años de edad deshizo su compromiso matrimonial con Regina Olsen, el mismo que cayó desmayado en la calle muriendo pocos días después- es sobre todo conocido por sus planteamientos teóricos en franca reacción u oposición al sistema totalizante de la filosofía hegeliana. El sistema de la "realidad racional" de las sociedades frente a la nada irracional angustiante del individuo.
Kierkegaard se ha ganado el título de ser el primer nihilista. El formulismo "padre de pensamiento existencialista" es, como toda definición temporal, inexacto. De su existencialismo teísta a la propuesta del ser en sí de Heidegger, pasando por el existencialismo cristiano de Gabriel Marcel hasta llegar al existencialismo antiteísta, ciertamente hay un recorrido. Sin embargo, siguen siendo, en esencia, ecos y reflejos más o menos aproximados de un mismo tema. El danés corcovado se niega a la rígida sistematización.
Sören cuestiona la pretensión del filósofo que logra trascender su propia existencia, o salta su propia sombra. No obstante, sus obras (numerosas y complejas) no son más accesibles al lector común que los escritos de Kant o el mismo Hegel. Sobre el concepto de ironía, principalmente en Sócrates (1841); Alternativa (1843); Fragmento de una vida (1843); O lo uno o lo otro (1843); Temor y temblor (1843); Lirismo dialéctico (1843); La repetición (1843); Ensayo de psicología (1843); Migajas filosóficas o un poco de filosofía (1844); El concepto de la angustia (1844. Mencionarlas aquí todas sería prolijo.
Su obra más difundida es, sintomáticamente, su Diario íntimo al igual que su Diario de un seductor, éste último con una fuerte de dosis de autobiografismo, sobre todo en lo que respecta a su mórbida experiencia amorosa . Es imposible, en este caso, no caer en el "error" de observar en la vida del autor aspectos relevantes que echen luz sobre su obra. Todos, nihilistas o no, somos culpables de tal romanticismo a ultranza. Especialmente cuando la existencia de este pensador en la fría Copenhague nos hace cuestionar las fronteras entre vida y obra. Famoso por sus sardónicos e irónicos aforismos producto de su atormentada y morbosa andanza intelectual, Kierkegaard pone el dedo en la llaga filosófica.
Se cuenta que, a propósito del sistema dialéctico hegeliano en el que el conocimiento es una lucha y contraposición de tesis + antítesis = síntesis, Kierkegaard comentaba: "Todas las interrogantes y problemas del mundo están a punto a de resolverse ahora que el sistema de Hegel esté completo y si no lo está, lo estará el domingo entrante".
La historia era, parafraseando a Hegel, un exquisito y lujoso castillo en el que, sin embargo, no había lugar para el individuo y la elección personal, la desesperación, esa enfermedad mortal generada por el sólo hecho de existir. Los sistemas sociales, políticos y religiosos se insertaban desde un inmanente afán de racionalidad. Es ahí cuando Sören, el antihegeliano, lanzaba su obscuro dardo. Eran los albores del debate entre determinismo y libre albedrío desde la perspectiva de la filosofía. La teología se había ya adelantado con Calvino y Arminio, o más aún, desde San Agustín. Acaso anacrónico para nosotros, este mismo debate se presenta en esta o aquella doctrina novedosa. Se disfraza de conductismo frente a psicoanálisis, de estatismo frente a libre empresa. Nada se supera, sólo se deja momentáneamente.
Cierta caricatura de Kierkegaard lo pinta sólo como un atormentado, quejumbroso y llorón. Tremenda injusticia e ignorancia. Sus desgracias físicas (corcovado y enfermizo) despiertan las suspicacias de los psicólogos. Pero éstos se limitan a fruncir el ceño y describirlo. G. K. Chesterton afirma que describir no es explicar ni comprender. Progresar tal vez implicaría saltar nuestra propia sombra. Nuestra condición "normal" nihilista es, para nosotros, una lección de la historia, un evento cotidiano y un fantasma metafísico. Es la inevitabilidad existencial. Kierkegaard fue crítico acérrimo de su tiempo, creyente sui generis, sincero y enemigo de la corrupta iglesia luterana de Dinamarca.
150 años sin el filósofo danés Sören Aabye Kierkegaard son 150 años con la conciencia de nuestra condición y la intriga de no saber aún el secreto de su angustia:
After my death no one shall find in my papers (that is my consolation) the slightest enlightenment on what fundamentally filled my life, nor find the writing inmost being that explains everything and often makes what world would call trifles into vastly important events to me and [viceversa] what I regard as insignificant -when I eliminate the secret note that explains it. -S.K., The Diary of Sören Kierkegaard.

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