domingo, 16 de marzo de 2008

Origen y caos del sida

Uno de los conceptos de la tan trillada teoría del caos es que un sistema perturbado por la más mínima variación puede evolucionar de forma desastrosa: para cada efecto no existen causas determinadas, como lo creía la vieja mecánica clásica. Quizás la historia del origen del sida ilustra de forma exacta la imagen del proverbio chino que afirma que el aleteo de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo. Cada acto, por más nimio que sea, desencadena consecuencias incalculables e incontroladas. Cualquiera de las tesis que se ha esgrimido para explicar la emergencia de la enfermedad insigne de los últimos tiempos queda ineludiblemente ligada al caos.

En esencia, hoy en día conviven tres hipótesis principales sobre la raíz del síndrome: 1) la clásica u oficial; 2) la vacuna de polio anómala; 3) la conspirativa. Para entender la primera de ellas, hay que saber que algunos chimpancés son portadores del VIS, sida de simios, y que una vez transmitida al humano se transmuta en VIH. Curiosamente si se le inyectara a un primate el virus de inmunodeficiencia no tendría ningún tipo de efecto en él, no se enfermaría. Se ha aceptado desde siempre que el sida comenzó por una situación totalmente fortuita: un cazador mata a un chimpancé y le cae sangre encima o bien es mordido por un macaco o bien alguien se alimentó de un mono contaminado. La comunidad científica ha visto en ello una representación viable de lo que pudo haber ocurrido.

Escépticos como el reportero Edward Hooper piensan que de haber sido así, la enfermedad debió activarse desde épocas inmemoriales, cuando las prácticas de caza e insumo de antropoide eran más comunes y brutales. Parte de la comunidad científica piensa que así fue, pero el virus estuvo incubando, como el alien del famoso film, durante varias décadas, incluso desde finales del siglo XIX. En 1992 apareció un artículo en la revista Rolling Stone en donde se exponía la probabilidad de que el VIH hubiera surgido como consecuencia de utilizar, a finales de los cincuenta, vacunas de polio infectadas, hechas con riñones de chimpancé.

Cuando murió de malaria el gran evolucionista inglés, William Donald Hamilton, como producto de su estadía en la selva del Congo donde buscaba evidencia para probar la teoría de las vacunas de la polio, el debate sobre el origen del VIH revivió. Aunado a ello, la Royal Society estaba en víspera de celebrar una reunión determinante, en donde se revelarían los resultados de un análisis hecho a unas muestras liberadas por los laboratorios responsables y que guardaban celosamente en congelamiento profundo después de cuarenta años. En el año 2000, se concluyó, después del cotejo, que las vacunas no estaban contaminadas; sin embargo, existe la posibilidad de que el lote infectado con la prueba Chat haya sido usado o simplemente los cultivos de riñón de chimpancé no presentaban anomalías.

La Chat fue una variante de vacuna elaborada por Hilary Koprowski y utilizada de 1957 a 1960 en un millón de africanos. La correlación que encontró Hooper, detallada en su libro The River, entre la aplicación de las vacunas de la polio de Koprowski y el surgimiento del VIH es sugerentemente simétrica. Aún más: el primer caso temprano de sida conocido en Estados Unidos es el de una drogadicta de 16 años en Nueva Jersey, que curiosamente era un bebé cuando fue aplicada la vacuna Chat en Nueva York. Koproski siempre ha negado su conexión con el origen de la enfermedad; Hooper asegura que los médicos involucrados desataron la epidemia de forma meramente accidental, si es que así pasó. Aún sigue latente está explicación.

La tercera teoría fue adoptada por el virólogo alemán Stefan Lanka, quien ha afirmado que el sida no existe, ya que no se han hecho públicas las fotografías del germen aislado: o sea, el virus infectado células, sus proteínas y sus ácidos nucleicos. Lo que conocemos son sólo “partículas intracelulares”, pero no existe actualmente imágenes del VIH en sus diversas manifestaciones. Según Lanka, el sida ha suplantado el temor que infundía la Iglesia a los ciudadanos en épocas medievales, al mismo tiempo que ha servido para exterminar a la población homosexual.

Jacob Segal, ex director del Instituto Biológico de Berlín, es otro convencido que ha puesto sobre la mesa la posibilidad de que el VIH haya sido creado en un laboratorio. Su investigación indica que el virus posee una estructura de amalgama entre el visna (patología cerebral del ganado) y el HTLV-I (leucemia). Segal explica que el VIH fue creado como un arma biológica en el marco de la Guerra Fría, específicamente en 1978 en el Centro de Investigaciones de Armamento Biológico de Ford Detrick, Maryland. Como el patógeno posee un tiempo de incubación prolongado, los científicos involucrados en los experimentos pensaron que su creación letal había fracasado y a falta de síntomas inmediatos dejaron en libertad a los presos que participaron como conejillos de indias, con lo que provocaron la diseminación de la enfermedad.

Es la hipótesis menos reconocida y más fantasiosa, pero no podemos olvidar que el VIH apareció en la era de la investigación biológica militar más grande de la historia. No suena tan descabellado, sobre todo para aquellos que vivieron en aquella época. A pesar de que la conspiración siempre es seductora, en 2006, un grupo de científicos desmitificarían las ideas de Segal al identificar en estado natural la cepa del virus en los chimpancés salvajes de Camerún, hazaña que jamás se había podido hacer. El VIS es una cepa parecida al VIH, pero éste no se había podido encontrar en estado natural. Los descubridores aseveraron que las cepas varían en la población de primates, incluso en las zonas divididas por ríos. Como consecuencia de esto, lo peor aún está por venir: como hay zonas no exploradas en la selva africana, es altamente probable que existan aún una amplia gama de variantes del VIS y que alguna de ella pueda ser, seguramente, más agresiva para el género humano.

Aunque todas las conjetura parecen alejarse entre sí, guardan una relación de principio interesante: en la base de sus razonamientos, el accidente, la casualidad o el error están implicados, como una pequeña bola de nieve que al rodar se hace una mole imparable. Tal parece que los estudios publicados en 2006 en la revista Science Magazine tienen mucho a su favor, aunque tenemos la secreta certeza de que en realidad nunca sabremos la verdad. Con la labor miope y soberbia de los gobiernos mundiales, que hacen de la expansión del sida un verdadero negocio y la ostentan como una sutil represión física y mental, el futuro es igualmente oscuro. Si no hemos podido resolver la historia inmediata, ¿qué nos hace pensar que podremos lidiar con el porvenir? No sólo heredaremos a los que vienen un mundo enfermo, sino también una sociedad sin respuestas.

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