domingo, 20 de enero de 2008

Internet Killed the Mtv Star

Desde su llegada en 1981, Mtv comenzó a consolidarse como la imagen de los jóvenes en Norteamérica, después se expandió a otros países con las mismas intenciones y con buenos resultados. Son los responsable de llevar al siguiente nivel a la cultura pop, a su despliegue “cool”. Si Andy Warhol hubiera sobrevivido a los ochenta, hubiera creado sin duda una serie similar a la de Beavis and Butthead, filósofos del sinsentido, cuasi zen, del vacuo verbum “cool”. Pero si revisamos con cuidado algunos foros o blogs, o preguntamos a los más jóvenes sobre Mtv, nos toparíamos con un gran número de negativas y destructoras opiniones. Eso se debe a que, además de asimilarse a la tendencia mercantil, la estación ha dejado de ser un vínculo con el mundo de la juventud mundial.

Recuerdo que aquí en México, en especial en Hermosillo, en la primera mitad de los noventa era prácticamente imposible hacerse de la música de los grupos de moda. En las escasas y regionalistas tiendas de discos había sobreabundancia de artistas nacionales, y cuando uno lograba encontrar un cassette original de Nirvana o Smashing Pumpkins era carísimo. Resultaba más atractivo adquirir videos vírgenes en VHS y literalmente “cazar” el clip que nos deleitaba. Sólo así era posible tener disponible a cualquier hora el material que Mtv se daba el lujo de pasar ad nauseam. Fue la era brillante de Guns and Roses, cuando Metallica grabó el legendario The Black Album y R.E.M. presentó su inolvidable Losing my Religion; Pearl Jam, Jeremy y el boom grunge protagonizado por Nirvana. Para competir con los monstruos televisivos, como Los años maravillosos, Alf, Los Simpson, Beverly Hills 90210 y Seinfeld, Mtv tuvo que lanzar productos atractivos que nadie más podía hacer: nació la serie de Unplugged, transmitieron Aeon Flux, las animaciones de George Plympton & Co. y las del famoso Mike Judge.

Fue una experiencia liberante en muchos aspectos. Uno no nada más podía hacer sus copias en formato VHS de sus películas favoritas (que era un proceso que involucraba dos videocaseteras) sino tener en su primitiva videoteca los clips y programas producidos por Mtv. El mundo era aún amplio y con un velo de misterio. Mientras que en el sistema de noticias Eco nos bombardeaban con las imágenes tipo Arcade de la Guerra del Golfo, Kurt Cobain, junto con sus colegas rockeros, nos gritaban en nuestras propias habitaciones que padecían con nosotros el desanimo de estar vivo.

Cuando esta comunión músico-filosófica ocurría, dejábamos de simplemente estar en el planeta y comenzábamos a pensar en él como algo global. El poder de metaforizar la angustia con ángeles ensangrentados, pistolas cargadas en un clóset, con tumores que pueden comerse o con un tráiler que está a punto de destrozarnos mientras dormimos, tuvieron el poder arquetípico de decirnos que no teníamos la obligación de aceptar y permanecer impasibles en el mundo. Era posible experimentarlo desde la faceta que nos ocultaban los padres y las instituciones educativas: desde la relatividad moral.

Con la falta de una “conexión” instantánea con el cosmos planetario, que la televisión local no cubría, ni los noticiarios mostraban cabalmente, Mtv pudo crecer aceleradamente en el ideario de la juventud hambrienta por identificarse. A través de la pantalla, Mtv logró ser una especie de output o médium de la interioridad en conflicto de la juventud. No tuvimos un Vietnam, pero las guerras en Irak lo suplieron. El muro de Berlín se desmoronó, pero no supimos, en virtud del simulacro de las noticias, el impacto de ese suceso. Hoy en día, con Internet, el mundo se ha hecho perpetuamente presente. Los demás, junto con sus culturas y paisajes, no son un enigma ni nada nos pueden decir que no sepamos. Un click en Google o Wikipedia, otro en Facebook, Hi5 o MySpace bastan para disipar, en la sobreexcitación de los bits y la orgía de la información, el misterio del prójimo. También con un procedimiento básico podemos obtener nuestra música o video favorito y llevarlo con nosotros. El aura de fungir como una ventana cosmopolita que Mtv poseía, se ha desintegrado bajo la seducción del gadget y de la ubicuidad de Youtube.

En un claro derroche de estupidez, Mtv se ha volcado en la ardua y estéril misión de recobrar a una generación que vive enchufada permanentemente al mundo. Ellos no están solamente en la Tierra, ni siquiera tienen la molestia de pensar en ella (Internet ya lo hace por ellos): o están o no online. No sé si sea un retroceso (aunque el Metroflog así lo afirme) pero hoy Mtv intenta lavar el cerebro sobre lo que en verdad es “cool”. Las relaciones humanas importan y son proporcionales al ego: Dismissed y Next exaltan esta noción, mientras que Room Riders es la culminación lógica de la no necesidad del otro: juzgar a los demás por sus posesiones. Justamente Mtv hoy en día hace lo que años antes detestaba hacer.

Jackass fue la culminación extática de esa etapa, donde el desprecio al cuerpo era una metáfora del asco que producía el materialismo frívolo de las sociedades. Hoy la televisora más grande ha cambiado los papeles y rinde pleitesía a la imagen, embadurnada con una falsa corriente emo que intenta copiar los motivos de la generación X, cuando el simulacro ha vencido y no hay nada atrás de la historia, pero sí una maraña de pulsiones que aún las nuevas generaciones sufren en carne propia. No es raro que Mtv, sumida en una masturbación mass media, haya optado por un narcisismo a ultranza, como una estrella que se contrae para estallar y desaparecer. No hay mundo, no hay conciencia de lo que le sucede al otro, de ahí la compulsión exhibicionista de las que se nutren las redes sociales. No, no hay significado más allá de nuestros límites. El planeta es nuestro cuerpo.

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