martes, 18 de diciembre de 2007

Universo ptolomeico

El universo de Ptolomeo es un movimiento armónico, un fluir constante y medido, musical. Los cuerpos celestes giran alrededor de la Tierra inmóvil, siguiendo los ritmos de la perfección: con desplazamientos circulares y uniformes. Es el heredero del cosmos esférico ideado por Aristóteles.

En el siglo II d. C. Claudio Ptolomeo compiló todo el conocimiento astrológico previo en su obra magna Megale sintaxis, conocida con su nombre árabe de Almagesto. En deuda con Hiparlo de Nicea, quien había medido de forma muy exacta las estaciones del año y había registrado el brillo de más de mil estrellas, Ptolomeo se dio a la tarea de diseñar un sistema geocéntrico del universo que permitía llevar a cabo predicciones. Para él, la Tierra permanecía inmóvil en el centro del cosmos y la luna junto a los planetas y el sol se desplazaban alrededor de él. Ptolomeo, quien recurrió a la teoría de los epiciclos de Apolonio de Pérgamo, explicó que cada planeta giraba sobre su propia esfera y que dicho movimiento se superponía a la órbita alrededor de la Tierra, a cuyo desplazamiento nombró deferentes.

En la misma época, sin embargo, existían las intuiciones no sistematizadas de algunos pensadores que contravenían el modelo ptolomeico del universo. Filolao de Crotona pensaba que la Tierra, la luna, el sol y los demás planetas giraban en torno de un fuego central, el cual permanecía oculto por una “anti-tierra” que se interponía.

Pero el modelo más atrevido en la época lo ideó Aristarco de Samos, pues proponía que la Tierra giraba sobre su propio eje al mismo tiempo que se desplazaba alrededor del sol, el cual permanecía en el centro del universo, rodeado por los demás planetas en revoluciones similares a la Tierra. Su hipótesis fue rechazada e impostada en el olvido hasta la llegada, dieciocho siglos después, de Copérnico.

Otra de las ideas seductoras y poco recordada, fue la propuesta por Eudoxo de Cnido, el cual explicaba que las estrellas, incrustadas en una gran bóveda, giraban fijas en una superficie paralela, cuyo centro lo ocupaba la Tierra. Su idea iba más allá, y planteó la existencia de esferas transparentes dentro de la gran esfera giratoria, que se movían de forma distinta, pero que estaban interconectadas entre sí.

Pero de las vías invisibles que se comunican expuestas por Eudoxo, a la idea de partículas indiferenciadas, fundidas en un solo movimiento cósmico, como lo piensa la física del caos, existe aún un abismo de cambios, revoluciones que determinarán la forma de percepción y explicación de los fenómenos universales.

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