domingo, 11 de noviembre de 2007

La física griega

Los filósofos presocráticos fueron los primero en el pensamiento occidental en meditar sobre la naturaleza de la materia a niveles micro y microcósmicos: arjé y physis. Para Empédocles, existían tres fuerzas esenciales, a través de ellas el universo evolucionaba del caos a la forma. Sin embargo, Empédocles pensaba que la forma debía retornar, tarde que temprano, al caos, a su origen.

Para Anaxagoras, tras el desarrollo cósmico existía una mente que ordenaba, unía o separaba los constituyentes de la materia: “semillas” o átomos que se combinaban para formar los objetos. El “deus ex machina” de Anáxagoras se llama “Nous”, una substancia universal que regía la evolución de la naturaleza; para Tales de Mileto, maestro de Aniximandro y Anaxímenes, a la usanza de las teorías biológicas del origen de la vida, todo había surgido del agua.

Demócrito de Abdera, discípulo de Leucipo, a diferencia de las ideas de Empédocles y Anaxagoras, será el primero en sistematizar un modelo en donde cada parte del cosmos quedaba explicada por el comportamiento de los átomos, corpúsculos indivisibles de diferente peso, tamaño y formas. Demócrito amplió sus explicaciones hacia cuestiones éticas, psicológicas, espistemológicas, fisiológicas, políticas, sociales y culturales.

Así, las ideas físicas del filósofo de Abdera se convirtieron en base del determinismo materialismo, en el sentido de que el comportamiento no sólo de la materia, sino de la vida en general, desde el pensamiento, pasando por el frío y el calor, hasta fenómenos más visibles, como la luz o las mareas, podía ser predicho por medio de los movimientos atómicos.

Ya en la época dorada de la filosofía helenística, Aristóteles elaboró el paradigma racional del universo fragmentario, en el sentido que pretendía estudiar la naturaleza desde sus partes, elaborando categorías, clasificaciones y modelos. La finalidad de la ciencia aristotélica, tan cara a la cultura occidental, era conocer la totalidad del universo de forma asilada, es decir, a través de sus partes y la suma de éstas. El concepto de causalidad pretendía explicar que su estudio, en términos específicos, produciría mejores resultados al contrario de que si se estudiaba al objeto desde un punto de vista general.

El universo descrito por Aristóteles, era una esfera en cuyo centro estaba la Tierra. Su cosmos estaba compuesto por cuatro elementos: fuego, agua, tierra y aire. Dichas sustancias tenían un movimiento natural en línea recta, hasta que en algún momento alcanzarían un punto de reposo. El cielo, que estaba hecho por un quinto elemento, el “eter”, en cambio, realizaba un movimiento circular eterno, inmutable. La Tierra, rodeada por tres esferas sucesivas de agua, aire y fuego, era el reino de lo sublunar, del tiempo y la degradación. Más allá de estas tres esferas y de la Tierra, se encontraban los planetas, y después de éstos la esfera de las estrellas. La esfera invisible, que daba su movimiento a todas las esferas interiores, era la morada del llamado Primer Motor universal.



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