martes, 25 de septiembre de 2007

Filosofía anime

La animación japonesa siempre se ha caracterizado por borrar los límites entre los discursos que entran en conflicto y no proponerlos como dos polos definidos, opuestos. Tales oscilaciones de la perspectiva exponen el problema de la duda y la certeza, de la verdad, en el centro de las historias. De ahí se desprende el corolario de la existencia y la posibilidad de imaginar, crear e imponer universos alternos. Para ello, los artistas del anime se han valido de diversas técnicas narrativas, como lo es la yuxtaposición del tiempo y el espacio. De estos universos contingentes surgen personajes oscuros, marginales, traumatizados, en eterna lucha con la conciencia y su forma de ser en el mundo.

Ante la duda y la presentación de una realidad fragmentada y discontinua, es imposible distinguir claramente entre “villanos” y héroes identificables, aunque claro, algunas veces se juega con estas opciones, pero las mismas historias se modifican y desorientan continuamente la perspectiva del espectador. Generalmente, los planes o, mejor dicho, ideas de los personaje derivan de problemas filosóficos occidentales, tanto ontológicos como epistemológicos. En Saint Seiya (conocida por todos como Los caballeros del zodiaco), la Encarnación de Poseidón, el personaje que controla las fuerzas oscuras del mar, tiene por objeto crear un holocausto hundiendo la tierra por completo con el fin de purificarla y así fundar una era de paz, un nuevo mundo, que corresponde a la vieja idea de “utopía” que hizo moneda corriente Tomás Moro.

En Trigun, una serie titánica y una de las mejores que se han logrado, explica como es que la Tierra fue destruida por la ambición del hombre de controlar los recursos naturales, lo cual infunde una furia enorme en Knives, el tétrico pistolero que desea exterminar a los depredadores para que los débiles subsistan. Los supervivientes pudieron escapar en naves con biósferas controladas hasta encontrar un planeta que reproducía algunas de las principales condiciones de la Tierra. En un momento crucial de la historia, cuando al fin se le revela al espectador el funesto pasado de los protagonistas, Knives sentencia: “Yo mato a las arañas para salvar a las mariposas. Es simple lógica…” Obviamente entre sus planes aristotélicos se encuentra destruir a los seres pensantes para evitar otro desastre natural.

En “Evangelion”, la serie monumental de Japón, es una tremenda épica que desarrolla la idea del combate entre el hombre y Dios, en una persistente batalla por sobrevivir al desastre del porvenir. Tres jóvenes tripulan tres robots gigantes con el fin de combatir a los ángeles deformes que la divinidad envía para destruir la Tierra. Sin embargo, los laboratorios NERV esperan poner en marcha “El Proyecto de Instrumentalización Humana” leídos en los rollos del Mar Muerto. Gendou Ikari, el científico racionalista y con un dejo de misticismo, es el personaje que ambiciona crear una unidad de almas, quizás inspirado por la esfera luminosa de Platón y que simboliza la unión primordial con el reino supremo de las ideas.

En la serie Escaflowne, no tan conocida pero en proceso de volverse un clásico, se explora la idea de los universos alternos y el mundo de los conflictos emocionales. En Gaea, donde la Tierra y la Luna pueden ser contempladas como dos hermosos satélites, se libra una batalla decisiva. Gaea es un microcosmos creado por los seres poderosos de Atlantis, un mundo que fue destruido por una máquina diseñada para convertir los pensamientos en energía. La entidad que mueve los hilos negros de los protagonistas es un personaje histórico capital para el pensamiento occidental: Isaac Newton. Éste, obsesionado con las fuerzas invisibles, trata de aplicar el sistema de la gravitación universal para descubrir la potencia que determina el futuro y con ello poder “crear destino”. A final de cuentas construye una máquina que es capaz de inducir los deseos y las emociones para determinar el futuro y crear un mundo, “la zona de la suerte absoluta, donde todo deseo se vuelve realidad”. Newton cree que el futuro debe ser aceptado, incluso cuando éste degenere en guerra y destrucción, necesarios para crear una nueva era. Es obvio que detrás de estas ideas se encuentra la visión determinista y causal a la cual condujo el modelo gravitatorio y que desembocó en la filosofía del progreso. Dicha idea es negada por la teoría de la relatividad y la teoría del caos actualmente.

En el fondo de los contradiscursos que subvierten el orden se enfocan conflictos graves de la civilización. No podemos negar que las ideas bases de estos personajes poseen un alto grado de seducción y que ello radica en que no actúan irracionalmente. Sus actos están deliberadamente configurados en marcos que derivan de verdades filosóficas, lo cual problematiza en extremo las delicadas relaciones de sus universos. Paradójicamente, la animación japonesa es hoy en día el arte que ha criticado de forma más contundente la razón actual de las sociedades occidentales.

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