miércoles, 25 de julio de 2007

Second Chance? Get a Second Life

El sábado me fui de viaje. El registro fue más sencillo, cómodo y ágil de lo que supuse. Es un servicio dorado, si lo comparamos con el paranoico y trabado trámite de los aeropuertos. Con un nuevo nombre y aspecto, me dispuse a explorar el cibermundo de Second Life.

Para nosotros los nerds, la noche del sábado no tiene peso social; significa tiempo para una buena lectura o para ver alguna película. Pero el pasado fin de semana tenía ánimo de salir, de socializar, aunque fuera a través de una plataforma.

Una vez arrancado el programa, trabajosamente pude entender el funcionamiento del complejo menú, que tiene más de un centenar de opciones. Descubrí que podía prescindir de vehículo y podía volar como en Dragon Ball Z para arribar más rápido a algún destino. No sólo eso, después de media hora tratando de llegar como bólido a los sitios que me interesaban, descubrí que podía teletransportarme, aunque algo soso como para compararlo con una saga de Toriyama.

Pude visitar el sim o stage de Chichén Itzá, las pirámides de Egipto, el Titanic, un mundial de fútbol y hasta el Instituto Cervantes. Me tomé algunas fotos que envié a mi correo de mi first life. No sé cómo, pero en una especie de café muy juvenil, gané mis primeros dos Linden-dólares: una miseria, aunque los haya ganado por estar sentado durante diez minutos.

El Linden es la moneda virtual y corriente de SL, y 300 de ellos equivalen a 1 dólar, aunque el mercado fluctúa. Puedes comprar billetes “ficticios” con una tarjeta de crédito y a la inversa, cambiar las ganancias que obtengas por dinero real, transferible a una cuenta que debes abrir y que cuesta un poco más de doce de los verdes. En otras palabras, una persona promedio puede ser un magnate en SL; y para que nos enteremos todos, se puede mandar a hacer una playera con un rótulo más o menos así: “Yo soy millonario en Second Life”.

Una maestra de lenguas, originaria de China, pero radicada en Frankfurt, y conocida bajo el nombre ficticio de Anshe Chung, es la empresaria más exitosa en SL. Su negocio es la venta de inmuebles virtuales. Sus ganancias son de 250.000 dólares reales.

Por cierto, en una entrevista que concedió a la BBC en SL, fue víctima de un sabotaje realmente cómico. En plena conversación, apareció una desbandada de penes voladores. Tras el bochornoso incidente, Chung decidió hacer el encuentro en uno de sus edificios, pero en vano, ya que la invasión aerodinámica regresó con más vigor (buscar en Youtube, editado con música clásica y heroica, muy burlesco).

Ella constituye un símbolo del imperio hiperreal y ubicuo del capitalismo, ahora tratando de apoderarse del metaverso. Pero las empresas que se han instalado, como Aloft, Best Buy, Sun Microsystems y Dell han comenzado a abandonar sus espacios. Incluso visité la agencia de noticias Reuters, pero sólo tenían notas y fotografías atrasadas.

Los sitios parecen verdaderos montajes de ciudades fantasmas: no hay nadie en las calles y los negocios aparecen clausurados. El motivo: la gente de SL se divierte y no compra, además del bendito CopyBot, programa nuevo utilizado para duplicar bites, por tanto, objetos virtuales.

A pesar de ello, se ha producido un fenómeno a lo simulacra: de emulación de relaciones sociales, y muy rentable. En la revista The AvaStar, se comenta el chisme de que una residente ha tenido sexo con 750 avatares; mientras que el semanario
Second Life Herald y el Metaverse Messenger se dedican a hablar de los candidatos a las presidencias regionales, del arribo de U2 y Warren Ellis, de la moda y del nudismo en el metaverso.

Mi larga perorata por aquel mundo que no deja de fascinar, me llevó a conversar con una tal Vanezza Matoca, suiza y que al igual que yo habla un inglés muy básico; mientras el avatar inquietante de Carlos Mal charlaba con un grupo de ciberpoetas sobre unas ratas inmóviles que se nos quedaban viendo. La joven me contó que lo único que le desagradaba de SL era el submundo, o sea, la dimensión pornográfica.

Lyonlamb Slade, avatar de Carlos Mal

No se necesita tener más neuronas de lo normal para saber que el negocio más exitoso ha sido el sexo y los casinos. Existen agencias de escorts, prostitutas muy caras, pero con aspecto de playmates; bailarinas exóticas, e incluso pimps. Tiendas de adminículos hardcore, películas, cines XXX y, sorprendentemente, penes, ya que uno nace castrado en SL, lo que da cabida a largas peroratas pseudofreudianas que no vienen al caso.

El turbio mundo sexual no es tan palpable en este reino programado. Cuando visité las casas de burlesque, los table o zonas de orgías, estaban desiertas. De vez en cuando asomaban avatares voyeuristas, pero no más, apenas unos pósters insinuantes, pero mal pixelados.

A final de cuentas, los drivers de mi tarjeta gráfica (una Intel chafísima) cedieron a tanto prodigio y mantuvieron en crash a mi pantalla. Después de reiniciar, un mensaje me advirtió que necesitaba actualizar algunas funciones.

Cerré Windows, decepcionado de mi laptop. Abrí el libro y asumí una nueva identidad:
“Una tarde extremadamente calurosa de principios de julio, un joven salió de la reducida habitación que tenía alquilada en la callejuela de S... y, con paso lento e indeciso, se dirigió al puente K...”

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